Archivo | enero, 2013

Esto es la risa

29 Ene

Tengo la impresión de que vivimos en un mundo cada vez más serio. Lo veo cuando me conecto al facebook, en mis cada vez más reivindicativos e indignados contactos. Lo oigo en el otrora animado Sanedrín que era el vestuario del gimnasio. Y lo siento en mi propio cuerpo como un rígido corsé con el que a veces estoy más envarado sin darme cuenta.

En muchas ocasiones, la risa parece haber sido relegada a la ironía o al sarcasmo. Suele tener un regusto amargo o ácido. A veces incluso tiene un final teñido de tristeza. Como si reír fuera un acto de irresponsabilidad ciudadana o de insolidaridad. De no estar viviendo en el mundo que vivimos. “¡Con la que está cayendo!”. Como si no hubiera razones para ello. Personalmente, aquí tiro de coaching e inteligencia emocional.

Desde aquí reivindico el poder liberador de una risotada porque sí. Reír por el motivo más tonto, de haber alguno. Reír en público hasta parecer tonto. Porque se puede reír sin tomárselo a risa.

Desde aquí me propongo, como mínimo, sacarte una sonrisa. Sin contar nada gracioso y empezando por algo tan serio y que a menudo nos pone de mala leche, los políticos:

 

Reivindico la risotada espontánea, éstas que se contagian y le dan un giro a tu día. La risa es internacional y es un idioma en sí misma. Es compartir algo primigenio, capaz de hacernos cómplices de auténticos desconocidos.

Incluso en un entorno en el que solemos mirar al techo, mandar whatsapp que no dicen nada o redescubrir la puntera de nuestros zapatos. Y encima con unos tipos tan serios como son los alemanes:

 

Y es que hasta los franceses ríen:

 

Si has pinchado en los vídeos y a estas alturas no estás sonriendo, quizá estés pensando “vaya tontería, que me devuelvan mi tiempo”. Y a mí lo que me gustaría es devolverte eso otro, la sonrisa.

Entre otras cosas, la risa es una respuesta al estrés, tiene un componente adaptativo y es un buen mecanismo de inteligencia emocional. Cada vez que te ríes activas la válvula de escape de tu olla a presión. Relajas tus músculos y alivias la tensión física, con efectos que duran hasta 45 minutos. Es decir, al reírte ahorrarás una barbaridad en fisios y dormirás mejor.

Además, la risa estimula el sistema inmunológico, lo cual incrementará tu resistencia a enfermedades. También mejora el flujo sanguíneo, lo cual puede proteger contra ataques cardíacos y problemas cardiovasculares. Riéndote serás más productivo en todos los campos de tu vida y vivirás más.

Y, por supuesto, la risa provoca la liberación de las famosas endorfinas, esas sustancias químicas naturales del cuerpo que nos hacen sentir tan bien e incluso pueden llegar a aliviar nuestras dolencias. Así que riéndote, serás más feliz. Y harás a otros más felices.

Esto es la risa. Sin más. Sin sarcasmos ni ironías. No hay dobles sentidos ni aditivos ácidos en el titular. Hay razones para reír, aunque el mundo en que vivimos no nos haga gracia.

¿Cuándo fue la última vez que reíste así?

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Hoy, hace un año

22 Ene

Hoy hace un año, don Manuel Fraga Iribarne decidió extinguirse, el gobierno se aprestaba a reformar los convenios sin acuerdo social, Trejo rescataba al Sporting a última hora y empezaba el año chino del dragón.

Incluso con titulares como estos, las noticias que más nos importan no suelen salir en los periódicos. El mío hubiera sido algo así como “Diego retoma su carrera tras la pausa por publicidad”.

Y es que hoy hace un año aparqué mi carrera publicitaria, dejé mi trabajo como creativo de multinacional para volver a mi vocación psicológica en formato emprendedor. No voy a entrar de lleno en los motivos que me empujaron a tomar esta decisión, sí diré que sentí la necesidad de que, ya puestos a trabajar jornadas maratonianas, fuera por algo realmente útil para las personas. Y para mí, por supuesto.

De alguna forma, el qué había dejado de importar para dejar al paso al cómo y al para qué. Dejé de ser un zombie publicitario…

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El caso es que hoy se cumple un año de estos primeros pasos y es una buena oportunidad de hacer balance. Pararse un momento a pensar viene bien para sacar conclusiones de lo que te sirvió y lo que no. Las tuyas propias, extrapolables o no al resto del mundo.

A bote pronto y todavía en el proceso puedo decir que las sensaciones son buenas. Es cierto que dinero de momento no hay mucho, pero ya tenía claro que mi éxito no se va a medir sólo por billetes morados. Y además, las perspectiva de futuros son interesantes.

Conclusiones propias después de este año en esto de la emprendeduría que me recuerdo a mí mismo cuando es menester, en un pequeño decálogo. Me gustaría compartirlas, también como ejercicio personal:

1.- Haz acopio de tus talentos. Hay veces que estás tan sumergido en un día a día tan patológico que te deja sin argumentos y llegas a creer que nada más vales para lo que estás haciendo. Y a duras penas. Más aún con esto de la crisis, puede haber un diálogo interior incapacitante que te mantiene anclado a esa zona de confort tan incómoda. Ay virgencita, que no sé hacer otra cosa, que me quede donde estoy. Pasar a la acción es bueno para empezar a ver la situación y a ti mismo de otro modo. ¡Da una oportunidad a la sorpresa!

2.- Dale un sentido a tu carrera. De todos los trabajos y empresas en los que has estado seguro que encuentras algo que fue bueno para ti. Quizá fuera la ilusión del principio o el contacto humano. Encuentra el hilo conductor de tu vida laboral y lo que te aporta para tirar de él. En mi caso, tanto la creatividad, la redacción publicitaria, la psicología y el coaching hablan de una cosa: comunicación. Y puedo desempeñar funciones relacionadas con la comunicación en muchos niveles, mi abanico de opciones se abrió mucho con esta perspectiva.

3.- Ten clara tu meta. Ya. Como si fuera tan fácil. No lo es, pero desde luego es necesario. Yo mismo hice un proceso de coaching y purgué ciertas actitudes, cargas emocionales y pensamientos limitantes a través de la inteligencia emocional. Eso me permitió conocerme más en profundidad, librarme de introyecciones que había hecho mías. Aunar las energías que me impulsaban a alejarme con las que me llevaban adonde realmente quería ir. Tómatelo como un lado práctico de la espiritualidad. Necesitarás estas energías más adelante.

4.- Pasa a la acción. Llevaba dos años sintiéndome un hombre gris, metido en un bucle rutinario en el que la queja no llevaba más que a más quejas. Me sentía pequeño y sin alternativas. Por pasar a la acción vale levantar la cabeza de los titulares y de los cuerpos de texto, empezar a ver alternativas, investigar, ver sensaciones. Y a actuar en base a ellas. En mi caso, opté por apuntarme a un master que me permitiera reconectarme con mi licenciatura en Psicología. Luego ya empecé a hablar con mucha gente y plantear opciones, de esas que dan miedo de lo interesantes que son.

5.- Cuenta con un plan A, B y C. Una vez tengas una base sólida y que tu 100% esté a punto y enfocado en la dirección correcta, busca más alternativas. Una opción es meter los huevos en la misma cesta, dos son un dilema… así que tres es un buen número. Prioriza y sigue recorriendo el abecedario. Yo ya voy por la D.

6.- Haz cuentas. Cabeza en las nubes y pies en la tierra. Al fin y al cabo hay que asumir riesgos y durante un tiempo los ingresos en caja serán fluctuantes en el mejor de los casos. Está bien ponerse una fecha para mantener la apuesta o no. Reorienta tus esfuerzos hacia la productividad a todos los niveles.

7.- Cambia la mentalidad. Esto cuesta. No basta con saber hacer algo bien. La gente no va a venir a paladas según pongas la web o abras las puertas. Hay que desarrollar mentalidad de emprendedor, ser capaz de crear tu propio empleo y venderlo.  Ir más allá de la idea o servicio.  Seguramente esto será de sobresaliente. Enhorabuena, ¡tienes 1/8 de tu empresa! Cierto, esto requiere un post entero. En un futuro.

8.- Colabora, haz alianzas. Es imposible saber de todo. Utiliza más que nunca la primera persona del plural e integra el yo dentro del nosotros. Llegaremos más lejos con alguien que nos puede abrir puertas. Hablar de lo que haces te reforzará y además te proporcionará un valioso feedback de lo que funciona y lo que no. Y cuando colabores, deja claras las condiciones desde un principio para evitar malentendidos y los “yo creí que…”

9.- Haz que las cosas pasen… y deja tiempo para que pasen. No tienes que dejar tu trabajo a la primera de cambio. Quizá puedas compatibilizarlo a base de esfuerzo (doy fe) y tomar la decisión cuando la cosa empiece a rodar. Invertir tiempo es tan importante como el dinero y tener en cuenta que a veces el corto plazo mata al largo plazo. Ten una base suficiente para no ahogarte a las primeras de cambio, y tomar decisiones casi sin aliento. No seas ni caracol ni kamikaze.

10.- Rodéate de gente que te apoye. Parece una tontería, pero los vampiros energéticos existen. Cuando te estás planteando dar un giro a tu carrera, uno de esos giros que conllevan riesgos, hay quien habla desde su miedo y lo proyecta sobre ti y tus esperanzas trabajadas. Como que te pinchan tu globo para que no vueles. Para evitar estas posibles influencias negativas, conéctate con gente emprendedora y verás que tu creatividad fluye, a la vez que tu energía.

Diré que esto último me dio alas y mucho que pensar. Cuando planteé la opción y lo que estaba pensando a mi círculo, en general todos me animaron, casi más contentos que yo. Con razón, ahora duermo mejor y he ganado unos buenos kilos (soy delgadín).

A un año vista, puedo decir que estoy bastante satisfecho con el proceso. El cambio se ha convertido en una constante y me gusta el concepto de buscavidas, con tantos aprendizajes diarios.

Me encanta lo que hago y eso se nota en todos los ámbitos de mi vida. Por supuesto que aspiro a una mayor estabilidad, pero no la considero incompatible con una forma más oxigenada de vivir.

Con esta libertad, puedo aportar mi granito de arena al cambio social y ser feliz, con vistas a un futuro personal sostenible.

Y tú, ¿tienes algún cambio en mente? ¿sabes a dónde dirigir tus pasos? ¿quieres compartir alguna experiencia emprendedora?

Me gusta el frío

15 Ene

Hoy tuve una sesión matutina de coaching meteorológico.

Era lo suficientemente temprano para que costara un extra de voluntad hablar de ciertas cosas. Lo suficientemente en punto para otro cigarrillo. Y ahí que bajamos a la calle con lo puesto, mi cliente, yo y la queja.

El lunes ya había pasado, así que fuimos a por el frío. Ése que nos hace temblar por dentro y convierte nuestros dientes en castañuelas desacompasadas. Ése que trae gripes y atascos en las carreteras, ése fantasma sin cadenas.

Ése que pasaba por allí y pagó los platos rotos de un mal inicio de semana de mi coachee. Y hasta aquí, ya vale.

Es bueno sintonizar con la queja, escuchar lo que nos tiene que decir… Y luego ir más allá de las palabras. Introducir matices, acotar.

A mí me gusta el frío. No pasar frío.  El frío da sentido a un montón de actividades que me encantan. El chocolate con churros, tomar el sol de invierno como una lagartija, dar una vuelta por un Retiro refrescante. Un cocido de esos que echan humo.  El crujir de la nieve, los gorros de lana. Entrar en calor en un pub acogedor con una buena pinta negra en la mano. Las llamas hipnóticas de la chimenea. La manta, la batamanta, buena compañía y una buena peli.

Me gusta el frío, aunque sólo sea para recordarme que soy un ser cálido.

No exijo al frío que deje de ser frío. Tampoco le pido que sea calor. Simplemente acepto sus dones y me abrigo para protegerme de aquellos aspectos que menos me gustan de él, para disfrutar al máximo. Porque no puedo cambiarlo, pero sí puedo cambiarme a mí mismo, lo que pienso y lo que hago.

Ser precisos, incluso en nuestros odios, nos permite dar una oportunidad a la sorpresa y tener una visión más amplia de la situación, acercarnos a soluciones impensables a priori. Ser algo más felices.

Hay mucha vida en el frío, sólo hay que saber aprovecharla, con un poquito de cariño, amplitud de miras e inteligencia emocional.

Y a ti, ¿te gusta el frío?

Magia Real

6 Ene

Casi con el día de Reyes a toro pasado y el envoltorio de las Navidades en el cubo de reciclaje, puedo decir que han sido mejor de lo que me esperaba.

Lo cual no era mucho, cierto. Incluso como coach y trabajadito en lo emocional, soy una de esas personas a la que estas fechas le suelen traer a flor de piel sentimientos de tristeza y melancolía. En muchos momentos tiendo a echar en falta a los amigos que vuelven con sus familias. También echo de menos a mis abuelos. Y ante todo, me echo de menos a mí mismo, a esa parte ingenua y mágica que parece se quedó atrás, mirando a una pared en la oscuridad.

Todo ello aderezado de cierto escozor consumista disfrazado de buenos sentimientos.

Pero digo yo, al margen de tener más o menos razón, que estos sentimientos estén más o menos justificados o lo que sea… ¿qué gano yo con esto? Porque realmente no quiero pasar estas fiestas de un modo tan agridulce a priori o de puntillas, mirando hacia otro lado hasta llegar a la cuesta de enero.

Quiero reír y compartir ilusión como antes, pero no necesariamente con lo mismo de antes. Que las nuevas Navidades crezcan conmigo, porque en realidad la parte que se quedó atrás está muy presente, sólo que encorsetada por esa vocecilla represora que todos sabemos. Para acallarla, no hay nada como avanzar en otra dirección. ¿Pero cuál?

Por fortuna, he tenido la suerte de participar en primera persona en otra experiencia, con una familia que las vive como a mí me gustaría vivirlas: con alegría, pasión, risas y además grandes anfitriones. Y he de decir que han cambiado mi forma de pensar y de sentir estas fechas. Me he dado cuenta de que no basta con vivir para el 25, el 31 o el 6. Como casi todo en la vida, y más desde el coaching, hay que currárselo un poquito y si es con cariño, mejor que mejor.

Según lo que he vivido y observado, algunas claves para una Navidad con una magia muy real son sencillas:

1.- Empezar por permitirnos disfrutar de la Navidad, dar la bienvenida a la alegría de tu niño interior sin cortapisas. Por muy mal que estén las cosas, tenemos derecho a experimentar otras sensaciones, que precisamente nos puedan dar energía para nuevas experiencias más estimulantes. Empecemos por disfrutar el aquí y el ahora.

2.- Decorar la casa para la ocasión. Todo un ritual que puede compartirse la mar de a gusto. Desde poner el árbol hasta desenrollar los cables de las lucecitas intermitentes, pasando por el desfile de vips que pasean por el nacimiento. Es una forma de reactualizar nuestros recuerdos y crear nuevos. Decorar la casa según el gusto de cada uno, estimular nuestros sentidos para ayudarnos a conectar con la realidad de nuestros sueños.

3.- Escribir la carta a los Reyes Magos. Sí, como cuando tenías esos años. Explica que has sido bueno, o casi bueno, o que lo has intentado. Explica esos grandes planes que quieres para ti, para tu familia, tus amigos, y el mundo. Y además pide algo, ya de paso, para ti. Así se lo pondrás más fácil a los Reyes, para que practiquen su magia real del modo más práctico: atinando a la primera con algo que realmente quieres. ¡Te asombrará el juego que da la carta entre Reyes creativos!

4.- Vestirte bien para las grandes ocasiones. Ponte guap@, gústate. Cuando vas a una entrevista, tienes una cita o vas a algún evento importante, te arreglas. Te lo curras, muestras tu mejor cara. Pues aquí igual, no hace falta de ir de smoking o con un vestido de Dior. Tú ya sabes a qué me estoy refiriendo. Crea buen material para unas fotos wow!

5.- Aprovecha para sociabilizar cuanto puedas. Eso sí, pon límites tanto a la pereza como al exceso. Así podrás llegar a la cena de Nochebuena con las pilas cargadas a base de reencuentros energizantes, de los que salen más encuentros. Son buenas fechas para renovar amistades desde el entusiasmo genuino. Búscale el punto bueno incluso a los compromisos que te dan pereza. Esfuérzate en sacar tu alegría y verás cómo serás correspondido. Las sorpresas vienen en formas muy variadas, no sólo en los paquetitos de papel brillante.

6.- Sé un anfitrión atento y un invitado agradecido. Si cocinas bien, ofrécete. Y si no, ofrece tu ayuda. Aporta un algo de ti en la forma que mejor consideres, aunque sean tus sonrisas, tu escucha o algún brindis rico en palabras. Que tu presencia sume (o multiplique).

7.- Rodéate de los que quieres. En algunos casos será tan sencillo como enviar un whatsapp, en otros casos habrás de idear toda una campaña para hacer que alguien que está lejos vuelva como en los turrones Almendro. El esfuerzo merecerá la pena.

8.- Regala una parte de ti. Cada regalo es una oportunidad de demostrar a otra persona que realmente nos hemos esforzado en conocerla, y que estamos contentos de tenerla a nuestro lado. Personaliza tu regalo con algo que muestre además una parte de ti. Es una buena manera de honrar vuestro vínculo.

¿Qué haces tú para disfrutar el lado bueno de las Navidades?

Por mi parte, para el año que viene y con este blog por testigo, me comprometo a ponerlas en práctica con mi propia familia, amén de cualquier mejora que encuentre por el camino. Un poco de magia real que tanta falta hace, con el permiso de Harry Potter.

Y para acabar, como dice un amigo: felicidad todo el año, no sólo en Navidad.

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