Archivo | abril, 2013

Asturianos por Asturias

24 Abr

Léase el título de este post como extensible a gallegos por Galicia, gaditanos por Cádiz o ese lugar especial que se te viene a la cabeza, con su comunidad o provincia correspondiente.

Este post está dedicado a todos ellos que siguen en esos lugares más pequeños pero igualmente grandes. Quiero decir, que siguen allí más allá de nuestras vacaciones o los fines de semana que tenemos a bien pasar por ellos. Que lo viven y lo mantienen día a día tal cual nos encanta, como parte del ideario al que acudimos cuando estamos saturados de nuestra cotidianidad estresada, el destino de una huida no del todo deseada.

Antes de continuar, me gustaría aclarar que soy uno de esos madrileños sin pueblo ni otra denominación de origen, de esa que cuando vas te dicen que esto es lo mejor del mundo y que no hay otra igual.  Al no tener raíces en este aspecto, soy bastante permeable al valor de lo genuino lejos de las grandes metrópolis (aunque las haya más gargantuescas fuera de España).

En mi caso, mi espíritu se regocija y salta de alegría en tierras norteñas, más hacia el noroeste de nuestra península. Hay tierra que te acoge como si formaras parte de ella. En mi caso Galicia y Asturias se llevan la palma. Hay gente que se cree que soy de allí, de tanto que hablo y que voy.

Quizá por el post bovino anterior, esta semana me he acordado mucho de mi amigo Valen. Valen de Valentín. Valentín hijo de Valentín. Valentín, el gaiteru valiente. No lo digo yo, lo dice él en su propio email. Y está bien que lo diga.

Es muy tentador salir de la caja, ver mundo. Pero, ¿y si lo que uno quiere es quedarse con sus raíces? ¿Y si viajar no es lo que deseo? ¿Y si lo que quiero es sintonizar con la tierra y hacer crecer su tradición? ¿Y eso implica que no vas ver mundo?

Mi amigo Valen, gijonés de toda la vida, lo ha tenido siempre muy claro. Él es músico folk. Toca la gaita, la percusión e incluso un acordeón un tanto ridículo de lo chillón que es. Está en varios grupos y ha sido un digno embajador de su cultura en importantes festivales como Lorient. Incluso ha desfilado atronando por la gran manzana que es Nueva York en San Patricio. Además es profesor de música en varias escuelas y recientemente de un Ayuntamiento. Nada de a dedo, ganador de un concurso más importante que la Ruleta de la Fortuna. Y lo que le queda.

Los Beach Boys del Folk

Los Beach Boys del Folk

No voy a decir que es el más rico, pero desde luego sí es feliz y espero que lo sea aún más según le vayan acompañando los resultados de su trabajo. Valentín ha apostado por vivir su aventura un tanto cerquita. Y personalmente le agradezco todo ello, pues contribuye a que haya un poco menos de desbandada juvenil asturiana. Contribuye a que las cosas cambien manteniendo su espíritu acogedor. Cierto es que habrían de cambiar más cosas por allí, pero eso es otro tema. A veces innovar es reinventar las raíces dentro lo posible. Lo raro es que haya asturianos por Asturias, el éxodo de jóvenes es masivo y eso da que pensar en el futuro de nuestras regiones.

Hoy en día es fácil encender la tele y dejarse llevar por los programas tipo españoles o madrileños por el mundo. Estoy casi seguro que cada canal autonómico tendrá su propia versión del mismo. Con sus correspondientes escenas de vida, nuevas experiencias y diferentes grados de éxito, pero éxito al fin y al cabo. Y entonces apagas la tele, te quedas con el mando en la mano con mirada fija en un punto de la pared de tu casa, que ahora ves tremendamente pequeña y casi hasta con barrotes. La negrura de la pantalla se convierte en un espejo que refleja con exactitud la cara de tonto que se te queda por estar donde estás, por aguantar lo que aguantas.

Dan ganas de meterse en la televisión con lo puesto. Tan potente es el efecto que, tras un programa que hacía foco en Noruega, hubo tal avalancha de españoles yendo a vivir ese sueño que la propia embajada nórdica tuvo que pedir a las autoridades españolas que pusieran freno. Porque la mayoría acabaron en hospicios de caridad, castillos en el aire que se derrumbaron encima de muchos. Y eso duele.

Por eso, no te exilies. Viaja si es lo que quieres. Ve a por un sueño, no huyas a lo loco. Vale, huye, rompe tu parálisis. Pero con un plan que vaya más allá de hoy, mañana o dentro de un año. Evita actuar desde la desesperación. Apuesta por vivir más que sobrevivir, por mucho que a veces toque arremangarse. ¿Cómo quieres estar dentro de cinco años? ¿Y de diez? ¿Y veinte? Empezar a responder a este tipo de preguntas es vital para empezar a encaminarnos a ese horizonte y llegar a nuestro destino.

A veces la respuesta nos queda cerquita. A veces nos lleva al otro lado del mundo. Sin duda Valen tiene esto muy claro y le ha ayudado en su resolución cuanto le ha tocado apretar los dientes. Intento hacer memoria de las veces que le he oído quejarse y no me viene nada a la cabeza. Tiene su horizonte, cree en ello y ha sido muy proactivo para poder vivir de su sueño, con los sacrificios que conlleva.

Y tú, ¿conoces a alguien como Valen? ¿Estás viviendo tu aventura aquí o en el extranjero? ¿Qué sacas en claro de todo ello?

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Quiero ser una vaca

17 Abr

Me encantan las pequeñas historias que dejan poso. Este finde de aprendizaje bidireccional y aún atónito por la brutalidad en Boston, unido al día a día de lo que ocurre en Oriente Medio y otras tantas partes del mundo, me hace reflexionar acerca de la naturaleza del ser humano.

A este respecto, mi amigo Víctor volvió a contar una anécdota curiosa. Un día iba en el coche con su mujer y los niños. En uno de esos instantes de paz en el que los pequeños se durmieron, se tomaron unos minutos de respiro para compartir el silencio y dejarse llevar por el horizonte, con las manos en el volante.

Circulaban por un paisaje campestre: cultivos, pastos de ganado, alguna casita aquí y allá… Y vacas. Después de un momento de contemplación bovina, su mujer hizo un alto en el silencio para expresar una de esas verdades rumiantes a primera vista, “qué aburrido es ser vaca”. Víctor retuvo el inmediato sí para encontrarse con un no. Un no que venía a decir que ser una vaca es maravilloso para una vaca. Para una vaca no es aburrido ser una vaca. Una vaca no se pregunta acerca de lo que sería ser una cosa u otra. Sencillamente es una vaca, con todo lo que significa en la plenitud de sus pastos. Vive su naturaleza en profundidad. Y ningún juicio humano puedo cambiar eso.

Y cuando nos la aplicamos esta aparente sencillez es complicada. Porque, ¿cuál es la naturaleza del ser humano? Me encantaría tener una respuesta. Atisbamos lo que es ser una vaca, un perro, un león. un tiburón… Humanizamos sus cualidades y a menudo nos las atribuimos según la ocasión para definirnos. Nos relajamos sabiéndonos con una teórica capacidad cognitiva superior a otros animales de la creación. Sea lo que sea esto.

Muchos filósofos y científicos se han preguntado acerca de nuestra esencia. En psicología, el coaching y la inteligencia emocional, distinguimos lo que es el ser de una persona de sus miedos, enfados y comportamientos, en general, mal gestionados. Que alejan a la persona de su verdadero potencial “ecológicamente” responsable. Hay aquí una presuposición de base en la que se reconoce el carácter positivo del ser humano. Aceptando sus luces y sus sombras, pero además aceptando nuestra responsabilidad para crear la realidad que queremos vivir. En la propia identidad participan tanto lo que somos como lo que queremos ser.

Podemos aceptar esto desde una postura neutra, que nos exime de la acción, o mojándonos de verdad por una de las caras de nuestra moneda. Tenemos el potencial de alcanzar la estrellas, pero nos conformamos con sobrevivir a las leyes que nosotros mismos hemos creado, en principio para protegernos de nosotros mismos.

No me valen argumentos en torno a “el mundo es así”. El mundo gira y nosotros nacemos, respiramos, nos alimentamos, dormimos… el resto lo hemos creado y contribuimos a mantenerlo así. Cada uno con su grado de poder y responsabilidad. Pero sin duda somos la especie que más libertad de acción disfruta y es una lástima ver cómo nos limitamos día a día, encorsetados por unas normas que nosotros mismos hemos creado y que cada vez siento más desnaturalizadas. ¿Será necesaria una invasión zombie para que despertemos?

Para mí, nuestro siguiente salto evolutivo irá más allá de lo meramente físico. Creo que será más a nivel cognitivo y cultural. Cuando seamos conscientes de cuál es la naturaleza del ser humano y la aceptemos, pasaremos a ser otra especie. Soñando en voz alta, me gustaría pensar que será un salto evolutivo que nos permitirá pensar, actuar y sentir más allá de odios que mutilan, leyes que esclavizan o industrias que destruyen.

En este aspecto, sí. Me gustaría ser como una vaca, vivir mi naturaleza en profundidad. En ello estamos.

Y tú, ¿cuál crees que es la auténtica naturaleza del ser humano?

Muchas gracias

9 Abr

Parece mentira la facilidad que tengo para saltarme mi propia planificación de posts. Normalmente tengo un tema previsto, pero cuando me pongo a escribir me sale algo distinto. Y eso me gusta, porque este blog nació así, con la libertad expresiva por bandera.

Llevo una temporada larga enfrascado en nuevos proyectos que muchas veces suponen inaugurar nuevas rutas personales. Muchos nuevos primeros pasos en eso que en coaching se llama salir de la zona de confort.

Parándome un poquito y echando la vista atrás, uno ve que no todos han sido éxitos. Considerando al “fracaso” como un feedback no deseado, puedo decir que esos 3 proyectos más gordos y serios que no salieron, no lo hicieron más por la interacción de las personas que formábamos parte del equipo, que por la crisis.

Lo cual me lleva al asunto del post, que no es otro que dar las gracias. Porque las personas tenemos más peso específico vital del que creemos en general y en mi caso, puedo decir que estar y sentirme bien acompañado ha sido una constante desde que tengo recuerdos.

Es tanto así que, como aquello con lo que contamos en nuestra vida, a menudo lo he dado por hecho. Por fortuna, a una amiga se le ocurrió enviarme un email resaltando el hecho de que había muestras de apoyo por todas partes en redes sociales y me escribió para darme la enhorabuena simplemente por ello.

Un simplemente que es mucho y que realmente me da mucha seguridad, me hace sentirme querido, apoyado para hacer lo que estoy haciendo ahora. Así que quería que supieras que para mí es importante que estés ahí, al otro lado de la pantalla leyendo este mail. Los psicólogos solemos hacer preguntas acerca del qué, el cómo, por qué, el para qué… yo también tengo muy en cuenta el con quién. Dice mucho de nosotros.

Por eso valoro enormemente aquellos que estáis en mi vida y formáis parte de las diversas familias a las que pertenezco, ya sea por lazos de sangre, trabajo o amistad. Esto incluye la confianza que depositáis los coachees y la ilusión e implicación que demostráis los alumnos. Gracias por una relación que va más allá de lo monetario y favorece el engrandecimiento mutuo personal. Gracias por exponeros y querer llegar al fondo mirando para adelante, aunque a veces haya que perder los papeles. Gracias por creer, sobre todo en vosotros mismos.

Y gracias también a esta incipiente familia virtual que estamos creando a través de diversos blogs, entre mis planes a corto plazo está el dedicar más tiempo a esta vía de comunicación.

Tanto esta semana como la anterior me han llegado un montón de emails por el post previo (http://wp.me/p2Zmm3-3I) que hacía referencia al taller del despertar… y para mí está siendo un auténtico placer volver a conectar con personas que han sido y son importantes. Gracias a vuestro calor y apoyo, el taller sale adelante y además nos da la oportunidad de conceder becas gratuitas a gente que lo necesita. Incluso tengo el privilegio de contar con algún amigo en el mismo, realmente me siento muy afortunado.

Tanto en psicología como en inteligencia emocional, nos gusta decir que si quieres llegar rápido, ve sólo. Pero si lo que quieres es llegar lejos, ve bien acompañado. ¡Así que muchas gracias por la parte que te toca! Me siento en la mejor de las compañías y soy muy consciente de lo que supone todo ello.

Para cerrar, me gustaría presentarte un vídeo que ilustra el espíritu de lo que hacemos y que pone caras a una promoción de 24 maestros que ponen su entusiasmo al servicio del cambio educativo. Nosotros les acompañamos con un Practitioner en PNL Educativo ya en marcha, con las 24 becas gratuitas.

Espero que os guste tanto como a nosotros. El cambio tiene muchas caras que lo hacen posible.

Lunes de Resurrección

1 Abr

Lunes lunero y un grito de Ayyyy en el cielo de media España. Es un Ayyyy lánguido, sin demasiada energía. Perezoso, indolente, hastiado. Inunda las calles y circula a banda ancha en la virtualidad de las redes sociales. Es un Ayyyy que suspira quejicoso.

La queja parece formar parte del mismo ritual de Semana Santa, como las procesiones, la lluvia o Ben Hur. La queja es esa torrija mental, ya un poco rancia, que te comes fuera de temporada. Y en vez de canela, esta vez viene con un cambio de hora. Vamos, que elementos hay de sobra para que cada uno entone sus saetas, Vía Crucis a discreción.

No nos confundamos, este post no es una cruzada contra la queja. Qué va. El coaching de la queja tiene un componente adaptativo. Aplicando un poco de psicología, podemos leerla y ver qué hay detrás, de qué nos está informando. Es la verbalización de un dolor que normalmente va más allá de lo físico. Una situación que no nos gusta, que no es buena para nosotros. Que decimos en alto por si cuela y alguien nos lo soluciona.

La queja puede informar de aburrimiento, miedo, sensación de pérdida, desesperanza… y es bueno expresarla. Lo que ya no es tan bueno son los bucles. A menudo nos quejamos, las compartimos, nos hacemos eco de las de los demás… ¿y luego qué? A menudo, en el mejor de los casos nos conformamos con un cambio de estado, sí, pero de facebook o twitter en forma de comentario mordaz que será reforzado por unos cuantos likes.

Te confesaré una cosa. Durante la semana pasada tenía bastantes ganas de que llegara el lunes. Hoy, justo este momento. Seguir adelante con mis proyectos, volver al tajo. Y sí, ahora también tengo cierta tristeza y morriña por estos cinco días asturianos que me he pegado. ¡A quién no le gusta vivir a cuerpo de rey, estar en buena compañía y hacer cosas interesantes! Pero, ¿es necesario estar de vacaciones para todo ello? ¿Realmente es incompatible cierta rutina con la diversión?

¿No hay nada que puedas hacer para disfrutar más el resto del año? ¿Dejar de vivir para el fin de semana o las vacaciones?

Muchas veces, con la queja recurrente ponemos la responsabilidad de nuestra vida, nuestra felicidad, en manos ajenas: el trabajo, la pareja, los niños, la familia, el jefe, el metro, el coche, el tiempo, la tele, los políticos, dios, el universo, el fútbol, la crisis, Mouriño… La lista podría ser más larga que la entrada de la Guerra de las Galaxias.

Hay quien anda por el mundo como si estuviera condenado, como zombis quejicosos en busca de comer cabezas ajenas. Las quejas pueden ser un virus, tomar forma de grilletes de bola tobilleros que nos dejan sin energía. Como si ya lo hubiéramos intentado todo y hubiéramos fracasado mil veces. Porque “esto es lo que hay”. Sin darnos cuenta, nos generamos un sentimiento de víctima que nos impide hacer cosas nuevas. Esperamos de los demás algo que no nos atrevemos a hacer por nosotros mismos, muchas veces porque no sabemos qué hacer. Estamos tan desconectados de nuestro poder personal que parecemos hojas caídas llevadas por el viento.

¿Has sentido alguna vez que tu vida no te pertenece? ¿Que eres una marioneta? ¿Que no tienes opciones?

Yo sí, y por eso estoy aquí. Me cansé hasta el aburrimiento de mis propias quejas que a la vez me hacían sentir cómodo en mi letrina vital. Dejé de quejarme y actué. Bueno, a veces me quejaba mientras actuaba. Las quejas en su justa medida pueden dar energía.

Y llegados a este punto tengo una buena noticia: el cambio es posible si empiezas a mirar hacia ti mismo. No para buscar culpables. Sí para encontrar tus talentos, desde tu centro y lo que realmente eres. Sintonizar con tu para qué. Lo bueno es que nosotros tenemos la llave de los grilletes, la cura para el virus Z, la decisión última de aceptar o no nuestra situación actual.  Asumiendo que la responsabilidad de lo que nos sucede está en nosotros y no en los demás, seremos mucho más capaces de utilizar incluso vientos desfavorables para llegar a buen puerto…

Pero claro, ¿sabemos cuál es ese puerto al que queremos llegar? Porque ni tu jefe, ni Rajoy, ni Merkel, ni el Papa Francisco y ni siquiera Chuck Norris tienen la respuesta. Por mucho que crean o digan lo contrario, el que mejor lo sabe eres tú. Y tú lo sabes,

Por eso, y con un poco de autobombo, hemos creado un taller que toma forma de viaje. Para empezar a ser más conscientes y tener más herramientas para alcanzar tu felicidad, desde la psicología, el coaching y la inteligencia emocional. Sentirte más dueño de tu vida, dejar de ser una marioneta:

http://www.mentecolectiva.es/Despertar.pdf

despertar-cabecera

Y tú, ¿te quejas mucho? ¿En silencio o en voz alta? ¿Cómo lo verbalizas? ¿A qué haces referencia? En cualquier caso, utilízalas como combustible y empieza a hacer esas cosas que comienzan con “si es que yo no puedo…”. Ya, nadie dijo que el cambio fuera fácil ;)

Pero es posible si inviertes y trabajas en ti mismo, como tan bien lo haces en otras facetas de tu vida.

Levántate con ganas aunque sea lunes. ¡Resucita!

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