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¿Vas de Guerrer@?

27 Jun

Este fin de semana pasado decidí hacer un parón en las clases de fin de semana para dar la bienvenida al verano como se merece, a remojo. Así que lié a unos amigos y a mi hermano para reinaugurar la temporada del apartamento veraniego de mis padres. El tiempo y el agua acompañaron y no podía faltar la visita a un restaurante que para nosotros es un clásico estival más. No en vano llevamos yendo durante veintimuchos años sin falta y su dueño, Enrique, es amigo de la familia.

Hay saludos que se convierten en fórmulas sentidas, tradiciones que no prescriben:

– Ey Enrique, ¡cuánto tiempo! Ya empieza la temporada, ¿cómo estás?

– Bien, aquí, peleando…

Enrique es un Uruguayo elegante de mirada triste, que gusta lucir una sonrisa afable y acogedora. Y ahora parece cansado. Peleando. En un tono impregnado de derrota. Hay muchos Enriques de la vida que luchan, pelean, sobreviven. Nosotros, por ejemplo.

Aunque vivimos en una sociedad “pacificada”, entendiendo por esto que no estallan bombas en los mercados un día sí y otro también y que no hay bandos armados que se tirotean abiertamente en las calles, muchas veces nos empeñamos en vivir en una realidad más propia de entorno de guerra. Y este estado interno guerrero se muestra en un lenguaje bélico digno de las películas de John Wayne. Desde la psicología, el lenguaje que empleamos no es fruto de la casualidad, tiene un gran componente simbólico importante para nosotros.

Deportistas presentados como gladiadores, políticos que siguen incentivando la lucha de clases en uno y otro lado, empresas con estilo organizacional y comunicación propias del ejército,  mercados financieros como campos de batalla que hay que dominar. Sin ir más lejos, en publicidad tenemos brief, el target, la campaña, la estrategia, acciones tácticas… Seguro que te vienen a la mente unas cuantas más de diferentes contextos.

Este lenguaje es la punta del iceberg,  por supuesto que no bastará cambiarlo para hacer un cambio drástico. Muchos lo utilizan como modo de estimular a un equipo o uno mismo. Es una motivación de combustible inestable y poco ecológico. Conviene prestar atención a cuál es nuestro volumen bélico, para no ser cómplices de sus consecuencias en nuestro entorno y nosotros mismos: en general un aumento de la tensión y una alta correlación con trastornos de ansiedad incipientes. Este lenguaje es ideal para convertir granos de arena en cordilleras insalvables y da pie a justificar estilos de gestión y comunicación agresivos que poco bien nos hacen.

A este respecto, para recordar la auténtica guerra, me ha venido a la mente un artículo que leí hace unos días, en el que mostraba un proyecto que recogía rostros de soldados británicos en Afganistán en tres etapas: antes de embarcarse, durante su ejercicio y después. Se puede observar con claridad los resultados de 8 meses de estado de guerra, en sus gestos y miradas:lalagesnowwearethenotdead1 lalagesnowwearethenotdead2lalagesnowwearethenotdead5Incluso recogió algún testimonio que refleja también el cambio de pensamiento durante esas fases:

“No estoy preocupado acerca de lo que va a pasar, al fin y al cabo es mi trabajo”

“Está siendo una experiencia para abrir los ojos”

“Vives con el miedo, con la aprensión y con la duda de qué pasará si me vuelan por los aires”

(Si quieres leer más de este artículo en inglés, puedes hacerlo aquí.) (En este otro link el proyecto completo We Are The Not Dead)

Realmente esos pensamientos se adaptan a una situación de guerra y esos rostros la reflejan. Una realidad horrible que algunos viven en su cotidianidad. Por fortuna, no nosotros.

Ser un espartano, William Wallace o la Teniente O´Neil mola y te da energía puntual… pero a la larga agota, cansa y no se adapta a la realidad que vivimos en la mayoría de los casos. Si ir de guerrer@ forma parte de tu rutina, cuidado. Muchas veces acabará dejándonos vacíos, con el síndrome de mirar al techo o frustrados sin saber muy bien por qué. Y seguramente con bajas colaterales.

Aquí es donde entran la psicolofía y la inteligencia emocional. En la medida de lo posible, conviene reformular la situación con otras palabras que la definan de un modo más amable, para crear un entorno que favorezca la reducción de la escala bélica y conseguir nuestros objetivos con conductas más “ecológicas”. Ya sabes, por mí y por todos mis compañeros, pero por mí primero.

Quiero ser una vaca

17 Abr

Me encantan las pequeñas historias que dejan poso. Este finde de aprendizaje bidireccional y aún atónito por la brutalidad en Boston, unido al día a día de lo que ocurre en Oriente Medio y otras tantas partes del mundo, me hace reflexionar acerca de la naturaleza del ser humano.

A este respecto, mi amigo Víctor volvió a contar una anécdota curiosa. Un día iba en el coche con su mujer y los niños. En uno de esos instantes de paz en el que los pequeños se durmieron, se tomaron unos minutos de respiro para compartir el silencio y dejarse llevar por el horizonte, con las manos en el volante.

Circulaban por un paisaje campestre: cultivos, pastos de ganado, alguna casita aquí y allá… Y vacas. Después de un momento de contemplación bovina, su mujer hizo un alto en el silencio para expresar una de esas verdades rumiantes a primera vista, “qué aburrido es ser vaca”. Víctor retuvo el inmediato sí para encontrarse con un no. Un no que venía a decir que ser una vaca es maravilloso para una vaca. Para una vaca no es aburrido ser una vaca. Una vaca no se pregunta acerca de lo que sería ser una cosa u otra. Sencillamente es una vaca, con todo lo que significa en la plenitud de sus pastos. Vive su naturaleza en profundidad. Y ningún juicio humano puedo cambiar eso.

Y cuando nos la aplicamos esta aparente sencillez es complicada. Porque, ¿cuál es la naturaleza del ser humano? Me encantaría tener una respuesta. Atisbamos lo que es ser una vaca, un perro, un león. un tiburón… Humanizamos sus cualidades y a menudo nos las atribuimos según la ocasión para definirnos. Nos relajamos sabiéndonos con una teórica capacidad cognitiva superior a otros animales de la creación. Sea lo que sea esto.

Muchos filósofos y científicos se han preguntado acerca de nuestra esencia. En psicología, el coaching y la inteligencia emocional, distinguimos lo que es el ser de una persona de sus miedos, enfados y comportamientos, en general, mal gestionados. Que alejan a la persona de su verdadero potencial “ecológicamente” responsable. Hay aquí una presuposición de base en la que se reconoce el carácter positivo del ser humano. Aceptando sus luces y sus sombras, pero además aceptando nuestra responsabilidad para crear la realidad que queremos vivir. En la propia identidad participan tanto lo que somos como lo que queremos ser.

Podemos aceptar esto desde una postura neutra, que nos exime de la acción, o mojándonos de verdad por una de las caras de nuestra moneda. Tenemos el potencial de alcanzar la estrellas, pero nos conformamos con sobrevivir a las leyes que nosotros mismos hemos creado, en principio para protegernos de nosotros mismos.

No me valen argumentos en torno a “el mundo es así”. El mundo gira y nosotros nacemos, respiramos, nos alimentamos, dormimos… el resto lo hemos creado y contribuimos a mantenerlo así. Cada uno con su grado de poder y responsabilidad. Pero sin duda somos la especie que más libertad de acción disfruta y es una lástima ver cómo nos limitamos día a día, encorsetados por unas normas que nosotros mismos hemos creado y que cada vez siento más desnaturalizadas. ¿Será necesaria una invasión zombie para que despertemos?

Para mí, nuestro siguiente salto evolutivo irá más allá de lo meramente físico. Creo que será más a nivel cognitivo y cultural. Cuando seamos conscientes de cuál es la naturaleza del ser humano y la aceptemos, pasaremos a ser otra especie. Soñando en voz alta, me gustaría pensar que será un salto evolutivo que nos permitirá pensar, actuar y sentir más allá de odios que mutilan, leyes que esclavizan o industrias que destruyen.

En este aspecto, sí. Me gustaría ser como una vaca, vivir mi naturaleza en profundidad. En ello estamos.

Y tú, ¿cuál crees que es la auténtica naturaleza del ser humano?

Lunes de Resurrección

1 Abr

Lunes lunero y un grito de Ayyyy en el cielo de media España. Es un Ayyyy lánguido, sin demasiada energía. Perezoso, indolente, hastiado. Inunda las calles y circula a banda ancha en la virtualidad de las redes sociales. Es un Ayyyy que suspira quejicoso.

La queja parece formar parte del mismo ritual de Semana Santa, como las procesiones, la lluvia o Ben Hur. La queja es esa torrija mental, ya un poco rancia, que te comes fuera de temporada. Y en vez de canela, esta vez viene con un cambio de hora. Vamos, que elementos hay de sobra para que cada uno entone sus saetas, Vía Crucis a discreción.

No nos confundamos, este post no es una cruzada contra la queja. Qué va. El coaching de la queja tiene un componente adaptativo. Aplicando un poco de psicología, podemos leerla y ver qué hay detrás, de qué nos está informando. Es la verbalización de un dolor que normalmente va más allá de lo físico. Una situación que no nos gusta, que no es buena para nosotros. Que decimos en alto por si cuela y alguien nos lo soluciona.

La queja puede informar de aburrimiento, miedo, sensación de pérdida, desesperanza… y es bueno expresarla. Lo que ya no es tan bueno son los bucles. A menudo nos quejamos, las compartimos, nos hacemos eco de las de los demás… ¿y luego qué? A menudo, en el mejor de los casos nos conformamos con un cambio de estado, sí, pero de facebook o twitter en forma de comentario mordaz que será reforzado por unos cuantos likes.

Te confesaré una cosa. Durante la semana pasada tenía bastantes ganas de que llegara el lunes. Hoy, justo este momento. Seguir adelante con mis proyectos, volver al tajo. Y sí, ahora también tengo cierta tristeza y morriña por estos cinco días asturianos que me he pegado. ¡A quién no le gusta vivir a cuerpo de rey, estar en buena compañía y hacer cosas interesantes! Pero, ¿es necesario estar de vacaciones para todo ello? ¿Realmente es incompatible cierta rutina con la diversión?

¿No hay nada que puedas hacer para disfrutar más el resto del año? ¿Dejar de vivir para el fin de semana o las vacaciones?

Muchas veces, con la queja recurrente ponemos la responsabilidad de nuestra vida, nuestra felicidad, en manos ajenas: el trabajo, la pareja, los niños, la familia, el jefe, el metro, el coche, el tiempo, la tele, los políticos, dios, el universo, el fútbol, la crisis, Mouriño… La lista podría ser más larga que la entrada de la Guerra de las Galaxias.

Hay quien anda por el mundo como si estuviera condenado, como zombis quejicosos en busca de comer cabezas ajenas. Las quejas pueden ser un virus, tomar forma de grilletes de bola tobilleros que nos dejan sin energía. Como si ya lo hubiéramos intentado todo y hubiéramos fracasado mil veces. Porque “esto es lo que hay”. Sin darnos cuenta, nos generamos un sentimiento de víctima que nos impide hacer cosas nuevas. Esperamos de los demás algo que no nos atrevemos a hacer por nosotros mismos, muchas veces porque no sabemos qué hacer. Estamos tan desconectados de nuestro poder personal que parecemos hojas caídas llevadas por el viento.

¿Has sentido alguna vez que tu vida no te pertenece? ¿Que eres una marioneta? ¿Que no tienes opciones?

Yo sí, y por eso estoy aquí. Me cansé hasta el aburrimiento de mis propias quejas que a la vez me hacían sentir cómodo en mi letrina vital. Dejé de quejarme y actué. Bueno, a veces me quejaba mientras actuaba. Las quejas en su justa medida pueden dar energía.

Y llegados a este punto tengo una buena noticia: el cambio es posible si empiezas a mirar hacia ti mismo. No para buscar culpables. Sí para encontrar tus talentos, desde tu centro y lo que realmente eres. Sintonizar con tu para qué. Lo bueno es que nosotros tenemos la llave de los grilletes, la cura para el virus Z, la decisión última de aceptar o no nuestra situación actual.  Asumiendo que la responsabilidad de lo que nos sucede está en nosotros y no en los demás, seremos mucho más capaces de utilizar incluso vientos desfavorables para llegar a buen puerto…

Pero claro, ¿sabemos cuál es ese puerto al que queremos llegar? Porque ni tu jefe, ni Rajoy, ni Merkel, ni el Papa Francisco y ni siquiera Chuck Norris tienen la respuesta. Por mucho que crean o digan lo contrario, el que mejor lo sabe eres tú. Y tú lo sabes,

Por eso, y con un poco de autobombo, hemos creado un taller que toma forma de viaje. Para empezar a ser más conscientes y tener más herramientas para alcanzar tu felicidad, desde la psicología, el coaching y la inteligencia emocional. Sentirte más dueño de tu vida, dejar de ser una marioneta:

http://www.mentecolectiva.es/Despertar.pdf

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Y tú, ¿te quejas mucho? ¿En silencio o en voz alta? ¿Cómo lo verbalizas? ¿A qué haces referencia? En cualquier caso, utilízalas como combustible y empieza a hacer esas cosas que comienzan con “si es que yo no puedo…”. Ya, nadie dijo que el cambio fuera fácil ;)

Pero es posible si inviertes y trabajas en ti mismo, como tan bien lo haces en otras facetas de tu vida.

Levántate con ganas aunque sea lunes. ¡Resucita!

¿Eres o estás?

12 Feb

El que otros idiomas tengan más vocabulario que el castellano no quita para que éste sea rico en matices. Quizá la diversidad cultural dentro de la misma península, amén de tierra allende haya contribuído a ello.

Siempre me hizo gracia la pelea perenne que tienen los guiris con el desglose del verbo “to be” en ser y estar. Sonrío cuando recuerdo a mi amiga Steffie decir “Tu pelo es largo” con un marcado acento holandés. También cuando mi ex americana decía cosas como “Diego está creativo en advertisement”.

Parece que incluso nuestros eruditos no dan un criterio claro para aplicar uno u otro y que sea válido para todos los casos. Casi hay más excepciones que reglas. (En este sentido es interesante http://www.wikilengua.org/index.php/ser/estar).

El caso es que esta confusión tiene su traducción en nuestro día a día. Para el post que me ocupa, me quedaré con la acepción:

Ser hace referencia al estado permanente. Es profundo.

Estar hace referencia a estado pasajero.

A pesar de que sobre el papel la diferencia entre ambos pueda estar clara, a menudo abusamos del “ser” para catalogar a las personas que nos rodean. Apenas nos basta un estar en una situación para rebautizar a alguien según nuestro juicio: es simpático, es alegre, es depresivo o es gilipollas.

El famoso mata a un perro y te llamarán mataperros. Extender el estar al ser.

Empezando porque hombre, no mates perros, en los foros de los expertos en estos temas, se dice, se comenta que bastan 7 segundos para etiquetar a una persona. 7 segundos para convertir a alguien en algo que no necesariamente es. Y que normalmente cuesta bastante más tiempo quitar, si es que alguna vez se quita. Hay etiquetas que son tatuajes, otras yunkes tobilleros. Y sin embargo, lo que creeamos que sea una persona, puede no ser lo que es en realidad. Normalmente somos mucho más de lo que mostramos.

Como ejemplo, aquí está un vídeo de lo que sería un robado (ficticio) una personalidad pública controvertida, en su propia casa: Mourinho. Me ha hecho gracia y me ha gustado porque estoy convencido de que la realidad de su ser tiene más que ver con lo que se intuye en el vídeo que con el personaje que vemos en los medios, y que él mismo tanto ha contribuido a construir. Este vídeo podría ser algo muy real:

 

Creo que alguna utilidad verá en el comportamiento altanero, soberbio y polémico que muestra Mou ante las multitudes… pero tengo la opinión de que podría obtener mejores resultados mostrando más su ser que su personaje, pero que se siente cómodo con esas etiquetas. O cree que le aportan algo que él mismo cree que no tiene, como forma de de avanzar en su carrera y hacer frente a cientos de miles de opiniones sobre él.

¿Tú qué crees? ¿Se te viene a la mente alguien que pueda aplicarse este cuento?

Es cierto que las etiquetas tienen su componente adaptativo, pero cuanto menos, merece la pena ser consciente de las que ponemos… a los demás y a nosotros mismos.

Hay etiquetas que nos impulsan, hay otras que pesan y nos lastran. Hay etiquetas tóxicas, aunque suenen “bien” o “mal”. Ser “brillante” puede hacer tanto daño como ser “egoísta”. Porque si se es, se es todo el tiempo. Siempre. En todas las ocasiones. Y cuando no, es una dolorosa excepción decepcionante o una excepción sospechosa de la que todos desconfían, respectivamente.

Desde la Inteligencia Emocional, las etiquetas bien utilizadas pueden contribuir a que una persona muestre algo que nadie, empezando por él mismo, le ha permitido mostrar. Mal gestionadas, podemos convertirnos en esclavos de las mismas.

Como coach y como persona, a mí me ayuda el saber que puedes estar mostrando cierto comportamiento en una situación determinada o en un contexto, quizá presa de una emoción mal llevada… pero en ningún modo eres así.

El tonto de la clase, el listo de la oficina, el amigo buenazo, el borde de turno, el chulo playa, el pivón, el cachitas, el hipster, la moderna, la creída de la camarera, el desastre del compi de piso… ¿Te has dado cuenta de qué etiquetas tienes? ¿Todas te gustan? ¿Las sientes tuyas? ¿Realmente definen quién eres? ¿O sólo cómo te comportas a veces? ¿Hasta qué punto te convierten en un arquetipo limitante o te hacen crecer?

Y sobre todo, ¿cuánto tiempo eres y cuánto tiempo estás?

Hoy, hace un año

22 Ene

Hoy hace un año, don Manuel Fraga Iribarne decidió extinguirse, el gobierno se aprestaba a reformar los convenios sin acuerdo social, Trejo rescataba al Sporting a última hora y empezaba el año chino del dragón.

Incluso con titulares como estos, las noticias que más nos importan no suelen salir en los periódicos. El mío hubiera sido algo así como “Diego retoma su carrera tras la pausa por publicidad”.

Y es que hoy hace un año aparqué mi carrera publicitaria, dejé mi trabajo como creativo de multinacional para volver a mi vocación psicológica en formato emprendedor. No voy a entrar de lleno en los motivos que me empujaron a tomar esta decisión, sí diré que sentí la necesidad de que, ya puestos a trabajar jornadas maratonianas, fuera por algo realmente útil para las personas. Y para mí, por supuesto.

De alguna forma, el qué había dejado de importar para dejar al paso al cómo y al para qué. Dejé de ser un zombie publicitario…

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El caso es que hoy se cumple un año de estos primeros pasos y es una buena oportunidad de hacer balance. Pararse un momento a pensar viene bien para sacar conclusiones de lo que te sirvió y lo que no. Las tuyas propias, extrapolables o no al resto del mundo.

A bote pronto y todavía en el proceso puedo decir que las sensaciones son buenas. Es cierto que dinero de momento no hay mucho, pero ya tenía claro que mi éxito no se va a medir sólo por billetes morados. Y además, las perspectiva de futuros son interesantes.

Conclusiones propias después de este año en esto de la emprendeduría que me recuerdo a mí mismo cuando es menester, en un pequeño decálogo. Me gustaría compartirlas, también como ejercicio personal:

1.- Haz acopio de tus talentos. Hay veces que estás tan sumergido en un día a día tan patológico que te deja sin argumentos y llegas a creer que nada más vales para lo que estás haciendo. Y a duras penas. Más aún con esto de la crisis, puede haber un diálogo interior incapacitante que te mantiene anclado a esa zona de confort tan incómoda. Ay virgencita, que no sé hacer otra cosa, que me quede donde estoy. Pasar a la acción es bueno para empezar a ver la situación y a ti mismo de otro modo. ¡Da una oportunidad a la sorpresa!

2.- Dale un sentido a tu carrera. De todos los trabajos y empresas en los que has estado seguro que encuentras algo que fue bueno para ti. Quizá fuera la ilusión del principio o el contacto humano. Encuentra el hilo conductor de tu vida laboral y lo que te aporta para tirar de él. En mi caso, tanto la creatividad, la redacción publicitaria, la psicología y el coaching hablan de una cosa: comunicación. Y puedo desempeñar funciones relacionadas con la comunicación en muchos niveles, mi abanico de opciones se abrió mucho con esta perspectiva.

3.- Ten clara tu meta. Ya. Como si fuera tan fácil. No lo es, pero desde luego es necesario. Yo mismo hice un proceso de coaching y purgué ciertas actitudes, cargas emocionales y pensamientos limitantes a través de la inteligencia emocional. Eso me permitió conocerme más en profundidad, librarme de introyecciones que había hecho mías. Aunar las energías que me impulsaban a alejarme con las que me llevaban adonde realmente quería ir. Tómatelo como un lado práctico de la espiritualidad. Necesitarás estas energías más adelante.

4.- Pasa a la acción. Llevaba dos años sintiéndome un hombre gris, metido en un bucle rutinario en el que la queja no llevaba más que a más quejas. Me sentía pequeño y sin alternativas. Por pasar a la acción vale levantar la cabeza de los titulares y de los cuerpos de texto, empezar a ver alternativas, investigar, ver sensaciones. Y a actuar en base a ellas. En mi caso, opté por apuntarme a un master que me permitiera reconectarme con mi licenciatura en Psicología. Luego ya empecé a hablar con mucha gente y plantear opciones, de esas que dan miedo de lo interesantes que son.

5.- Cuenta con un plan A, B y C. Una vez tengas una base sólida y que tu 100% esté a punto y enfocado en la dirección correcta, busca más alternativas. Una opción es meter los huevos en la misma cesta, dos son un dilema… así que tres es un buen número. Prioriza y sigue recorriendo el abecedario. Yo ya voy por la D.

6.- Haz cuentas. Cabeza en las nubes y pies en la tierra. Al fin y al cabo hay que asumir riesgos y durante un tiempo los ingresos en caja serán fluctuantes en el mejor de los casos. Está bien ponerse una fecha para mantener la apuesta o no. Reorienta tus esfuerzos hacia la productividad a todos los niveles.

7.- Cambia la mentalidad. Esto cuesta. No basta con saber hacer algo bien. La gente no va a venir a paladas según pongas la web o abras las puertas. Hay que desarrollar mentalidad de emprendedor, ser capaz de crear tu propio empleo y venderlo.  Ir más allá de la idea o servicio.  Seguramente esto será de sobresaliente. Enhorabuena, ¡tienes 1/8 de tu empresa! Cierto, esto requiere un post entero. En un futuro.

8.- Colabora, haz alianzas. Es imposible saber de todo. Utiliza más que nunca la primera persona del plural e integra el yo dentro del nosotros. Llegaremos más lejos con alguien que nos puede abrir puertas. Hablar de lo que haces te reforzará y además te proporcionará un valioso feedback de lo que funciona y lo que no. Y cuando colabores, deja claras las condiciones desde un principio para evitar malentendidos y los “yo creí que…”

9.- Haz que las cosas pasen… y deja tiempo para que pasen. No tienes que dejar tu trabajo a la primera de cambio. Quizá puedas compatibilizarlo a base de esfuerzo (doy fe) y tomar la decisión cuando la cosa empiece a rodar. Invertir tiempo es tan importante como el dinero y tener en cuenta que a veces el corto plazo mata al largo plazo. Ten una base suficiente para no ahogarte a las primeras de cambio, y tomar decisiones casi sin aliento. No seas ni caracol ni kamikaze.

10.- Rodéate de gente que te apoye. Parece una tontería, pero los vampiros energéticos existen. Cuando te estás planteando dar un giro a tu carrera, uno de esos giros que conllevan riesgos, hay quien habla desde su miedo y lo proyecta sobre ti y tus esperanzas trabajadas. Como que te pinchan tu globo para que no vueles. Para evitar estas posibles influencias negativas, conéctate con gente emprendedora y verás que tu creatividad fluye, a la vez que tu energía.

Diré que esto último me dio alas y mucho que pensar. Cuando planteé la opción y lo que estaba pensando a mi círculo, en general todos me animaron, casi más contentos que yo. Con razón, ahora duermo mejor y he ganado unos buenos kilos (soy delgadín).

A un año vista, puedo decir que estoy bastante satisfecho con el proceso. El cambio se ha convertido en una constante y me gusta el concepto de buscavidas, con tantos aprendizajes diarios.

Me encanta lo que hago y eso se nota en todos los ámbitos de mi vida. Por supuesto que aspiro a una mayor estabilidad, pero no la considero incompatible con una forma más oxigenada de vivir.

Con esta libertad, puedo aportar mi granito de arena al cambio social y ser feliz, con vistas a un futuro personal sostenible.

Y tú, ¿tienes algún cambio en mente? ¿sabes a dónde dirigir tus pasos? ¿quieres compartir alguna experiencia emprendedora?

Me gusta el frío

15 Ene

Hoy tuve una sesión matutina de coaching meteorológico.

Era lo suficientemente temprano para que costara un extra de voluntad hablar de ciertas cosas. Lo suficientemente en punto para otro cigarrillo. Y ahí que bajamos a la calle con lo puesto, mi cliente, yo y la queja.

El lunes ya había pasado, así que fuimos a por el frío. Ése que nos hace temblar por dentro y convierte nuestros dientes en castañuelas desacompasadas. Ése que trae gripes y atascos en las carreteras, ése fantasma sin cadenas.

Ése que pasaba por allí y pagó los platos rotos de un mal inicio de semana de mi coachee. Y hasta aquí, ya vale.

Es bueno sintonizar con la queja, escuchar lo que nos tiene que decir… Y luego ir más allá de las palabras. Introducir matices, acotar.

A mí me gusta el frío. No pasar frío.  El frío da sentido a un montón de actividades que me encantan. El chocolate con churros, tomar el sol de invierno como una lagartija, dar una vuelta por un Retiro refrescante. Un cocido de esos que echan humo.  El crujir de la nieve, los gorros de lana. Entrar en calor en un pub acogedor con una buena pinta negra en la mano. Las llamas hipnóticas de la chimenea. La manta, la batamanta, buena compañía y una buena peli.

Me gusta el frío, aunque sólo sea para recordarme que soy un ser cálido.

No exijo al frío que deje de ser frío. Tampoco le pido que sea calor. Simplemente acepto sus dones y me abrigo para protegerme de aquellos aspectos que menos me gustan de él, para disfrutar al máximo. Porque no puedo cambiarlo, pero sí puedo cambiarme a mí mismo, lo que pienso y lo que hago.

Ser precisos, incluso en nuestros odios, nos permite dar una oportunidad a la sorpresa y tener una visión más amplia de la situación, acercarnos a soluciones impensables a priori. Ser algo más felices.

Hay mucha vida en el frío, sólo hay que saber aprovecharla, con un poquito de cariño, amplitud de miras e inteligencia emocional.

Y a ti, ¿te gusta el frío?

Magia Real

6 Ene

Casi con el día de Reyes a toro pasado y el envoltorio de las Navidades en el cubo de reciclaje, puedo decir que han sido mejor de lo que me esperaba.

Lo cual no era mucho, cierto. Incluso como coach y trabajadito en lo emocional, soy una de esas personas a la que estas fechas le suelen traer a flor de piel sentimientos de tristeza y melancolía. En muchos momentos tiendo a echar en falta a los amigos que vuelven con sus familias. También echo de menos a mis abuelos. Y ante todo, me echo de menos a mí mismo, a esa parte ingenua y mágica que parece se quedó atrás, mirando a una pared en la oscuridad.

Todo ello aderezado de cierto escozor consumista disfrazado de buenos sentimientos.

Pero digo yo, al margen de tener más o menos razón, que estos sentimientos estén más o menos justificados o lo que sea… ¿qué gano yo con esto? Porque realmente no quiero pasar estas fiestas de un modo tan agridulce a priori o de puntillas, mirando hacia otro lado hasta llegar a la cuesta de enero.

Quiero reír y compartir ilusión como antes, pero no necesariamente con lo mismo de antes. Que las nuevas Navidades crezcan conmigo, porque en realidad la parte que se quedó atrás está muy presente, sólo que encorsetada por esa vocecilla represora que todos sabemos. Para acallarla, no hay nada como avanzar en otra dirección. ¿Pero cuál?

Por fortuna, he tenido la suerte de participar en primera persona en otra experiencia, con una familia que las vive como a mí me gustaría vivirlas: con alegría, pasión, risas y además grandes anfitriones. Y he de decir que han cambiado mi forma de pensar y de sentir estas fechas. Me he dado cuenta de que no basta con vivir para el 25, el 31 o el 6. Como casi todo en la vida, y más desde el coaching, hay que currárselo un poquito y si es con cariño, mejor que mejor.

Según lo que he vivido y observado, algunas claves para una Navidad con una magia muy real son sencillas:

1.- Empezar por permitirnos disfrutar de la Navidad, dar la bienvenida a la alegría de tu niño interior sin cortapisas. Por muy mal que estén las cosas, tenemos derecho a experimentar otras sensaciones, que precisamente nos puedan dar energía para nuevas experiencias más estimulantes. Empecemos por disfrutar el aquí y el ahora.

2.- Decorar la casa para la ocasión. Todo un ritual que puede compartirse la mar de a gusto. Desde poner el árbol hasta desenrollar los cables de las lucecitas intermitentes, pasando por el desfile de vips que pasean por el nacimiento. Es una forma de reactualizar nuestros recuerdos y crear nuevos. Decorar la casa según el gusto de cada uno, estimular nuestros sentidos para ayudarnos a conectar con la realidad de nuestros sueños.

3.- Escribir la carta a los Reyes Magos. Sí, como cuando tenías esos años. Explica que has sido bueno, o casi bueno, o que lo has intentado. Explica esos grandes planes que quieres para ti, para tu familia, tus amigos, y el mundo. Y además pide algo, ya de paso, para ti. Así se lo pondrás más fácil a los Reyes, para que practiquen su magia real del modo más práctico: atinando a la primera con algo que realmente quieres. ¡Te asombrará el juego que da la carta entre Reyes creativos!

4.- Vestirte bien para las grandes ocasiones. Ponte guap@, gústate. Cuando vas a una entrevista, tienes una cita o vas a algún evento importante, te arreglas. Te lo curras, muestras tu mejor cara. Pues aquí igual, no hace falta de ir de smoking o con un vestido de Dior. Tú ya sabes a qué me estoy refiriendo. Crea buen material para unas fotos wow!

5.- Aprovecha para sociabilizar cuanto puedas. Eso sí, pon límites tanto a la pereza como al exceso. Así podrás llegar a la cena de Nochebuena con las pilas cargadas a base de reencuentros energizantes, de los que salen más encuentros. Son buenas fechas para renovar amistades desde el entusiasmo genuino. Búscale el punto bueno incluso a los compromisos que te dan pereza. Esfuérzate en sacar tu alegría y verás cómo serás correspondido. Las sorpresas vienen en formas muy variadas, no sólo en los paquetitos de papel brillante.

6.- Sé un anfitrión atento y un invitado agradecido. Si cocinas bien, ofrécete. Y si no, ofrece tu ayuda. Aporta un algo de ti en la forma que mejor consideres, aunque sean tus sonrisas, tu escucha o algún brindis rico en palabras. Que tu presencia sume (o multiplique).

7.- Rodéate de los que quieres. En algunos casos será tan sencillo como enviar un whatsapp, en otros casos habrás de idear toda una campaña para hacer que alguien que está lejos vuelva como en los turrones Almendro. El esfuerzo merecerá la pena.

8.- Regala una parte de ti. Cada regalo es una oportunidad de demostrar a otra persona que realmente nos hemos esforzado en conocerla, y que estamos contentos de tenerla a nuestro lado. Personaliza tu regalo con algo que muestre además una parte de ti. Es una buena manera de honrar vuestro vínculo.

¿Qué haces tú para disfrutar el lado bueno de las Navidades?

Por mi parte, para el año que viene y con este blog por testigo, me comprometo a ponerlas en práctica con mi propia familia, amén de cualquier mejora que encuentre por el camino. Un poco de magia real que tanta falta hace, con el permiso de Harry Potter.

Y para acabar, como dice un amigo: felicidad todo el año, no sólo en Navidad.

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