Tag Archives: claves para

(Des)propósitos de Año Nuevo

9 May

¿Qué es esto? ¿Un post que se ha colado, perdido del pasado? ¿Acaso no me he enterado de que ya estamos casi enfilando el verano?

Precisamente. Con toda la intención de pasar revista a todo aquello que nos planteamos a principios de año y que aún guarda un regusto a polvorón. Así que propósitos de año nuevo 2013, pónganse firmes antes nuestros ojos, que esto es una inspección sorpresa.

Vaya, ¿qué vemos aquí? ¿Propósitos cachas, bilingües y con los pulmones limpitos? ¿O más bien propósitos que han hecho demasiados brindis al viento? Si quieres, ordénalos por áreas: trabajo, personal, ocio… por fechas de finalización o por apetencia. ¿Tienes muchos o sólo hay una voz que tose incómoda al fondo de la sala? Y, ¿cómo van?

sisifo

Hay propósitos que nos hacen sentir como Sísifo

Yo hasta hace un par de años era de los que a estas alturas tendría un desfile de desarrapados rebeldes, algunos novatos entremezclados con viejos conocidos y otros barbaluengos con nombre y apellidos: meterme en un equipo de basket otra vez, escribir más, escribir mejor, aprender a tocar la guitarra, meterme en un grupo, progresar en mi trabajo, ganar un premio, ir al gimnasio, dar más espacio a mi vida personal, ver más a mis abuelas, salir más al campo, ser más ordenado, cocinar… en fin, todo un ejército de propósitos de terracota oigan.

Evidentemente, me faltaban vidas para llevarlos a cabo. No sé cómo ves los tuyos ahora ahí dispuestos, qué te dicen. A mí, intentar cumplir con la interminable lista me llevaba a dormir muy poco, agotarme y, a medio plazo, frustrarme por no tener suficientes ticks (porque alguno conseguía).

En Coaching, los propósitos toman el nombre de metas y yo estimo que al menos un 60% del éxito en un proceso depende de una correcta formulación de la misma. Algunas conclusiones extraídas de lo que funcionó y lo que no a la hora de afrontarlas:

1.- Tú eliges el momento adecuado para acometer tus metas. Muchas veces nos dejamos llevar y comenzamos en las fechas que tocan, más que en la que realmente apostaríamos. Me explico. Estadísticamente hay tres puntos álgidos en el año en el que nos planteamos nuevos proyectos: año nuevo, septiembre después de las vacaciones del verano (la famosa vuelta al cole) y nuestro cumpleaños. Tenemos marcados esos días como puntos de inflexión y es bueno que sea así… ¡sin olvidarnos de que disponemos de otros 362 para ello!

2.- Proponte algo tuyo, no de los demás. Si dejas de fumar porque algún amigo lo ha dejado, si pierdes peso solamente porque te lo dice tu pareja, si estudias inglés porque parece que es lo que toca… lo más seguro es que no funcione. Hacer las cosas para los demás queda muy bien, pero si no hay una motivación intrínseca que nos empuje, iremos perdiendo fuelle. Elige algo que tengas ganas, que te mueva solo de pensarlo, que te ilumine la cara cuando lo digas.

3.- Busca la necesidad que hay detrás. Necesidad es una palabra de la que solemos huir y no nos gusta. A veces hay algo en nosotros que clama “Yo no necesito nada!”. Otras veces creemos necesitar algo que en el fondo no necesitamos en absoluto. Lo que es irrefutable desde los estudios de la Psicología y la Inteligencia Emocional, es que detrás de todo deseo hay una necesidad que busca ser cubierta. Una buena manera de conectarnos con ella es preguntarnos para qué vamos a hacer algo.

Por ejemplo, un coachee en principio tenía un claro propósito de perder peso. Lo había intentado unas cuantas veces sin éxito. Indagando en el para qué y trabajando algunas cargas emocionales, se dio cuenta que lo que quería con esta meta en apariencia superficial era conseguir una pareja. Y con este para qué en mente decidió trabajar su autoestima, afrontar ciertas creencias limitantes y dotarse de algunas habilidades sociales que le vinieron mejor que intentar ponerse como Brad Pitt.

4.- Ve a por un reto, afronta tu imposible. Es verdad que desde el coaching muchas veces se afirma que todo es posible. Yo no estoy del todo de acuerdo, porque suena a overpromise. La clave es conectar de verdad con uno mismo. Desde nuestro centro nos plantearemos objetivos desafiantes, que nos parezcan imposibles a priori… y que sin duda conseguiremos. Introduce la sorpresa en tu vida, ve a vivirla por ti y para ti. Permítete ser otra parte de ti, descubrir algo nuevo que no esperabas.

5.- Plantea tus metas en positivo. Para nuestra mente no es lo mismo perder peso que estar más delgado. En general, el cerebro sintoniza mejor con el sí que con el no. Muchas veces el no pasa a ser obviado. Es decir, que si te digo que no, ojo, que NO pienses en un elefante rosa volando por cielo moviendo la trompa, seguro que estarás pensando en ese elefante aún ahora mismo. Así, si quiero dejar de fumar, lo que se me vendrá a la mente es “fumar”. Lo mejor será reencuadrar el objetivo en un marco que permita una lectura enfocada en la solución más que en el problema.

6.- Sé muy concreto y conciso. Los avances en neurociencia confirman que cuanto más seamos capaces de definir nuestra meta, ponerle números y acotarla en fechas, más energía tendremos para llevarla a buen puerto. Ser feliz es mucho más vago e impreciso que trabajar de coach y ganar 1500€ al mes el 31 de mayo de 2013. Tampoco son buenas aquellas metas que expresadas parecen un relato corto. Hay una fórmula de 7 +/- 2 palabras para aquellas metas que empiezan por “Yo quiero…” Y funciona bastante bien, haz la prueba.

7.- Es importante que la meta dependa de ti. Es bueno que el conseguirlo, el sí final dependa de nosotros. No quiere decir que renuncies a metas de encontrar un trabajo X o encontrar pareja. Sí que te plantees submetas de modo que tengas tus éxitos que te impulsen igualmente si no obtienes el resultado que deseas. Puedes maximizar tus opciones para optar a un puesto de trabajo y estar contento aunque no te cojan en una entrevista. Hay casos en los que hay muchas variables que condicionan nuestro éxito. Si te lo curras, no hay fracaso, sólo feedback. Perseverar en el cambio es una virtud que a la larga te llevará a conseguir lo que te propones. Practica coletillas como “No lo he conseguido… aún”

8.- Ve a por pocas metas, pero muy significativas. Practica la síntesis y busca el hilo conductor replanteando una meta que recoja un para qué común. Mejor condensar tus energías en un río con mucha agua que en muchos afluentes que se secarán antes de llegar al mar. Por desgracia, no tenemos ni tiempo ni energía infinitas, ésta es una buena forma de optimizar tus recursos.

9.- Crea tu simbolismo. Estar más delgado es más que perder 10 kilos o pesar 80 kilos. Puede ser también aceptar la mejor parte de uno mismo, puede ser dar un primer paso saludable para tener un hijo, puede ser estar como quieres estar, estar en paz. Escribir un relato corto es más que juntar letras y palabras en 10 folios puede ser expresarte, crear tu espacio, compartirte, abrirte al mundo, expandir un talento expresivo familiar que ha estado oculto.

10.- Reajusta tus planteamientos iniciales. Muchas veces no somos realmente conscientes del esfuerzo y el tiempo que requiere algo hasta que nos ponemos a ello. En estos primeros contactos, es bueno permitirse un ligero reajuste para situarnos en un reto alcanzable. Ligero, no vale bajar el listón para que puedas pasarlo andando, eh?

11.- Establece puntos de control y seguimiento. Es importante tanto para estos reajustes anteriores como para tener fechas de referencia que nos motiven y nos pongan un poco de presión sana. También resultará muy gratificante y renovador el comprobar que vamos por buen camino.

Confieso que Caminantes es uno de mis tres propósitos de este año y de momento voy en los plazos que marqué en un comienzo. Es cierto que me gustaría publicar más y dedicar más tiempo a esta familia online, pero de momento estoy centrando en el cumplimiento de otra meta que tiene más prioridad. Así que estoy contento y aún más con las perspectivas que se plantean en el futuro.

Y tú, ¿tienes metas y propósitos? ¿Cómo los llevas? ¿Qué te funciona? ¿Qué cambiarías?

Lunes de Resurrección

1 Abr

Lunes lunero y un grito de Ayyyy en el cielo de media España. Es un Ayyyy lánguido, sin demasiada energía. Perezoso, indolente, hastiado. Inunda las calles y circula a banda ancha en la virtualidad de las redes sociales. Es un Ayyyy que suspira quejicoso.

La queja parece formar parte del mismo ritual de Semana Santa, como las procesiones, la lluvia o Ben Hur. La queja es esa torrija mental, ya un poco rancia, que te comes fuera de temporada. Y en vez de canela, esta vez viene con un cambio de hora. Vamos, que elementos hay de sobra para que cada uno entone sus saetas, Vía Crucis a discreción.

No nos confundamos, este post no es una cruzada contra la queja. Qué va. El coaching de la queja tiene un componente adaptativo. Aplicando un poco de psicología, podemos leerla y ver qué hay detrás, de qué nos está informando. Es la verbalización de un dolor que normalmente va más allá de lo físico. Una situación que no nos gusta, que no es buena para nosotros. Que decimos en alto por si cuela y alguien nos lo soluciona.

La queja puede informar de aburrimiento, miedo, sensación de pérdida, desesperanza… y es bueno expresarla. Lo que ya no es tan bueno son los bucles. A menudo nos quejamos, las compartimos, nos hacemos eco de las de los demás… ¿y luego qué? A menudo, en el mejor de los casos nos conformamos con un cambio de estado, sí, pero de facebook o twitter en forma de comentario mordaz que será reforzado por unos cuantos likes.

Te confesaré una cosa. Durante la semana pasada tenía bastantes ganas de que llegara el lunes. Hoy, justo este momento. Seguir adelante con mis proyectos, volver al tajo. Y sí, ahora también tengo cierta tristeza y morriña por estos cinco días asturianos que me he pegado. ¡A quién no le gusta vivir a cuerpo de rey, estar en buena compañía y hacer cosas interesantes! Pero, ¿es necesario estar de vacaciones para todo ello? ¿Realmente es incompatible cierta rutina con la diversión?

¿No hay nada que puedas hacer para disfrutar más el resto del año? ¿Dejar de vivir para el fin de semana o las vacaciones?

Muchas veces, con la queja recurrente ponemos la responsabilidad de nuestra vida, nuestra felicidad, en manos ajenas: el trabajo, la pareja, los niños, la familia, el jefe, el metro, el coche, el tiempo, la tele, los políticos, dios, el universo, el fútbol, la crisis, Mouriño… La lista podría ser más larga que la entrada de la Guerra de las Galaxias.

Hay quien anda por el mundo como si estuviera condenado, como zombis quejicosos en busca de comer cabezas ajenas. Las quejas pueden ser un virus, tomar forma de grilletes de bola tobilleros que nos dejan sin energía. Como si ya lo hubiéramos intentado todo y hubiéramos fracasado mil veces. Porque “esto es lo que hay”. Sin darnos cuenta, nos generamos un sentimiento de víctima que nos impide hacer cosas nuevas. Esperamos de los demás algo que no nos atrevemos a hacer por nosotros mismos, muchas veces porque no sabemos qué hacer. Estamos tan desconectados de nuestro poder personal que parecemos hojas caídas llevadas por el viento.

¿Has sentido alguna vez que tu vida no te pertenece? ¿Que eres una marioneta? ¿Que no tienes opciones?

Yo sí, y por eso estoy aquí. Me cansé hasta el aburrimiento de mis propias quejas que a la vez me hacían sentir cómodo en mi letrina vital. Dejé de quejarme y actué. Bueno, a veces me quejaba mientras actuaba. Las quejas en su justa medida pueden dar energía.

Y llegados a este punto tengo una buena noticia: el cambio es posible si empiezas a mirar hacia ti mismo. No para buscar culpables. Sí para encontrar tus talentos, desde tu centro y lo que realmente eres. Sintonizar con tu para qué. Lo bueno es que nosotros tenemos la llave de los grilletes, la cura para el virus Z, la decisión última de aceptar o no nuestra situación actual.  Asumiendo que la responsabilidad de lo que nos sucede está en nosotros y no en los demás, seremos mucho más capaces de utilizar incluso vientos desfavorables para llegar a buen puerto…

Pero claro, ¿sabemos cuál es ese puerto al que queremos llegar? Porque ni tu jefe, ni Rajoy, ni Merkel, ni el Papa Francisco y ni siquiera Chuck Norris tienen la respuesta. Por mucho que crean o digan lo contrario, el que mejor lo sabe eres tú. Y tú lo sabes,

Por eso, y con un poco de autobombo, hemos creado un taller que toma forma de viaje. Para empezar a ser más conscientes y tener más herramientas para alcanzar tu felicidad, desde la psicología, el coaching y la inteligencia emocional. Sentirte más dueño de tu vida, dejar de ser una marioneta:

http://www.mentecolectiva.es/Despertar.pdf

despertar-cabecera

Y tú, ¿te quejas mucho? ¿En silencio o en voz alta? ¿Cómo lo verbalizas? ¿A qué haces referencia? En cualquier caso, utilízalas como combustible y empieza a hacer esas cosas que comienzan con “si es que yo no puedo…”. Ya, nadie dijo que el cambio fuera fácil ;)

Pero es posible si inviertes y trabajas en ti mismo, como tan bien lo haces en otras facetas de tu vida.

Levántate con ganas aunque sea lunes. ¡Resucita!

Hoy, hace un año

22 Ene

Hoy hace un año, don Manuel Fraga Iribarne decidió extinguirse, el gobierno se aprestaba a reformar los convenios sin acuerdo social, Trejo rescataba al Sporting a última hora y empezaba el año chino del dragón.

Incluso con titulares como estos, las noticias que más nos importan no suelen salir en los periódicos. El mío hubiera sido algo así como “Diego retoma su carrera tras la pausa por publicidad”.

Y es que hoy hace un año aparqué mi carrera publicitaria, dejé mi trabajo como creativo de multinacional para volver a mi vocación psicológica en formato emprendedor. No voy a entrar de lleno en los motivos que me empujaron a tomar esta decisión, sí diré que sentí la necesidad de que, ya puestos a trabajar jornadas maratonianas, fuera por algo realmente útil para las personas. Y para mí, por supuesto.

De alguna forma, el qué había dejado de importar para dejar al paso al cómo y al para qué. Dejé de ser un zombie publicitario…

58268_578434345516563_1398759273_n

El caso es que hoy se cumple un año de estos primeros pasos y es una buena oportunidad de hacer balance. Pararse un momento a pensar viene bien para sacar conclusiones de lo que te sirvió y lo que no. Las tuyas propias, extrapolables o no al resto del mundo.

A bote pronto y todavía en el proceso puedo decir que las sensaciones son buenas. Es cierto que dinero de momento no hay mucho, pero ya tenía claro que mi éxito no se va a medir sólo por billetes morados. Y además, las perspectiva de futuros son interesantes.

Conclusiones propias después de este año en esto de la emprendeduría que me recuerdo a mí mismo cuando es menester, en un pequeño decálogo. Me gustaría compartirlas, también como ejercicio personal:

1.- Haz acopio de tus talentos. Hay veces que estás tan sumergido en un día a día tan patológico que te deja sin argumentos y llegas a creer que nada más vales para lo que estás haciendo. Y a duras penas. Más aún con esto de la crisis, puede haber un diálogo interior incapacitante que te mantiene anclado a esa zona de confort tan incómoda. Ay virgencita, que no sé hacer otra cosa, que me quede donde estoy. Pasar a la acción es bueno para empezar a ver la situación y a ti mismo de otro modo. ¡Da una oportunidad a la sorpresa!

2.- Dale un sentido a tu carrera. De todos los trabajos y empresas en los que has estado seguro que encuentras algo que fue bueno para ti. Quizá fuera la ilusión del principio o el contacto humano. Encuentra el hilo conductor de tu vida laboral y lo que te aporta para tirar de él. En mi caso, tanto la creatividad, la redacción publicitaria, la psicología y el coaching hablan de una cosa: comunicación. Y puedo desempeñar funciones relacionadas con la comunicación en muchos niveles, mi abanico de opciones se abrió mucho con esta perspectiva.

3.- Ten clara tu meta. Ya. Como si fuera tan fácil. No lo es, pero desde luego es necesario. Yo mismo hice un proceso de coaching y purgué ciertas actitudes, cargas emocionales y pensamientos limitantes a través de la inteligencia emocional. Eso me permitió conocerme más en profundidad, librarme de introyecciones que había hecho mías. Aunar las energías que me impulsaban a alejarme con las que me llevaban adonde realmente quería ir. Tómatelo como un lado práctico de la espiritualidad. Necesitarás estas energías más adelante.

4.- Pasa a la acción. Llevaba dos años sintiéndome un hombre gris, metido en un bucle rutinario en el que la queja no llevaba más que a más quejas. Me sentía pequeño y sin alternativas. Por pasar a la acción vale levantar la cabeza de los titulares y de los cuerpos de texto, empezar a ver alternativas, investigar, ver sensaciones. Y a actuar en base a ellas. En mi caso, opté por apuntarme a un master que me permitiera reconectarme con mi licenciatura en Psicología. Luego ya empecé a hablar con mucha gente y plantear opciones, de esas que dan miedo de lo interesantes que son.

5.- Cuenta con un plan A, B y C. Una vez tengas una base sólida y que tu 100% esté a punto y enfocado en la dirección correcta, busca más alternativas. Una opción es meter los huevos en la misma cesta, dos son un dilema… así que tres es un buen número. Prioriza y sigue recorriendo el abecedario. Yo ya voy por la D.

6.- Haz cuentas. Cabeza en las nubes y pies en la tierra. Al fin y al cabo hay que asumir riesgos y durante un tiempo los ingresos en caja serán fluctuantes en el mejor de los casos. Está bien ponerse una fecha para mantener la apuesta o no. Reorienta tus esfuerzos hacia la productividad a todos los niveles.

7.- Cambia la mentalidad. Esto cuesta. No basta con saber hacer algo bien. La gente no va a venir a paladas según pongas la web o abras las puertas. Hay que desarrollar mentalidad de emprendedor, ser capaz de crear tu propio empleo y venderlo.  Ir más allá de la idea o servicio.  Seguramente esto será de sobresaliente. Enhorabuena, ¡tienes 1/8 de tu empresa! Cierto, esto requiere un post entero. En un futuro.

8.- Colabora, haz alianzas. Es imposible saber de todo. Utiliza más que nunca la primera persona del plural e integra el yo dentro del nosotros. Llegaremos más lejos con alguien que nos puede abrir puertas. Hablar de lo que haces te reforzará y además te proporcionará un valioso feedback de lo que funciona y lo que no. Y cuando colabores, deja claras las condiciones desde un principio para evitar malentendidos y los “yo creí que…”

9.- Haz que las cosas pasen… y deja tiempo para que pasen. No tienes que dejar tu trabajo a la primera de cambio. Quizá puedas compatibilizarlo a base de esfuerzo (doy fe) y tomar la decisión cuando la cosa empiece a rodar. Invertir tiempo es tan importante como el dinero y tener en cuenta que a veces el corto plazo mata al largo plazo. Ten una base suficiente para no ahogarte a las primeras de cambio, y tomar decisiones casi sin aliento. No seas ni caracol ni kamikaze.

10.- Rodéate de gente que te apoye. Parece una tontería, pero los vampiros energéticos existen. Cuando te estás planteando dar un giro a tu carrera, uno de esos giros que conllevan riesgos, hay quien habla desde su miedo y lo proyecta sobre ti y tus esperanzas trabajadas. Como que te pinchan tu globo para que no vueles. Para evitar estas posibles influencias negativas, conéctate con gente emprendedora y verás que tu creatividad fluye, a la vez que tu energía.

Diré que esto último me dio alas y mucho que pensar. Cuando planteé la opción y lo que estaba pensando a mi círculo, en general todos me animaron, casi más contentos que yo. Con razón, ahora duermo mejor y he ganado unos buenos kilos (soy delgadín).

A un año vista, puedo decir que estoy bastante satisfecho con el proceso. El cambio se ha convertido en una constante y me gusta el concepto de buscavidas, con tantos aprendizajes diarios.

Me encanta lo que hago y eso se nota en todos los ámbitos de mi vida. Por supuesto que aspiro a una mayor estabilidad, pero no la considero incompatible con una forma más oxigenada de vivir.

Con esta libertad, puedo aportar mi granito de arena al cambio social y ser feliz, con vistas a un futuro personal sostenible.

Y tú, ¿tienes algún cambio en mente? ¿sabes a dónde dirigir tus pasos? ¿quieres compartir alguna experiencia emprendedora?

Magia Real

6 Ene

Casi con el día de Reyes a toro pasado y el envoltorio de las Navidades en el cubo de reciclaje, puedo decir que han sido mejor de lo que me esperaba.

Lo cual no era mucho, cierto. Incluso como coach y trabajadito en lo emocional, soy una de esas personas a la que estas fechas le suelen traer a flor de piel sentimientos de tristeza y melancolía. En muchos momentos tiendo a echar en falta a los amigos que vuelven con sus familias. También echo de menos a mis abuelos. Y ante todo, me echo de menos a mí mismo, a esa parte ingenua y mágica que parece se quedó atrás, mirando a una pared en la oscuridad.

Todo ello aderezado de cierto escozor consumista disfrazado de buenos sentimientos.

Pero digo yo, al margen de tener más o menos razón, que estos sentimientos estén más o menos justificados o lo que sea… ¿qué gano yo con esto? Porque realmente no quiero pasar estas fiestas de un modo tan agridulce a priori o de puntillas, mirando hacia otro lado hasta llegar a la cuesta de enero.

Quiero reír y compartir ilusión como antes, pero no necesariamente con lo mismo de antes. Que las nuevas Navidades crezcan conmigo, porque en realidad la parte que se quedó atrás está muy presente, sólo que encorsetada por esa vocecilla represora que todos sabemos. Para acallarla, no hay nada como avanzar en otra dirección. ¿Pero cuál?

Por fortuna, he tenido la suerte de participar en primera persona en otra experiencia, con una familia que las vive como a mí me gustaría vivirlas: con alegría, pasión, risas y además grandes anfitriones. Y he de decir que han cambiado mi forma de pensar y de sentir estas fechas. Me he dado cuenta de que no basta con vivir para el 25, el 31 o el 6. Como casi todo en la vida, y más desde el coaching, hay que currárselo un poquito y si es con cariño, mejor que mejor.

Según lo que he vivido y observado, algunas claves para una Navidad con una magia muy real son sencillas:

1.- Empezar por permitirnos disfrutar de la Navidad, dar la bienvenida a la alegría de tu niño interior sin cortapisas. Por muy mal que estén las cosas, tenemos derecho a experimentar otras sensaciones, que precisamente nos puedan dar energía para nuevas experiencias más estimulantes. Empecemos por disfrutar el aquí y el ahora.

2.- Decorar la casa para la ocasión. Todo un ritual que puede compartirse la mar de a gusto. Desde poner el árbol hasta desenrollar los cables de las lucecitas intermitentes, pasando por el desfile de vips que pasean por el nacimiento. Es una forma de reactualizar nuestros recuerdos y crear nuevos. Decorar la casa según el gusto de cada uno, estimular nuestros sentidos para ayudarnos a conectar con la realidad de nuestros sueños.

3.- Escribir la carta a los Reyes Magos. Sí, como cuando tenías esos años. Explica que has sido bueno, o casi bueno, o que lo has intentado. Explica esos grandes planes que quieres para ti, para tu familia, tus amigos, y el mundo. Y además pide algo, ya de paso, para ti. Así se lo pondrás más fácil a los Reyes, para que practiquen su magia real del modo más práctico: atinando a la primera con algo que realmente quieres. ¡Te asombrará el juego que da la carta entre Reyes creativos!

4.- Vestirte bien para las grandes ocasiones. Ponte guap@, gústate. Cuando vas a una entrevista, tienes una cita o vas a algún evento importante, te arreglas. Te lo curras, muestras tu mejor cara. Pues aquí igual, no hace falta de ir de smoking o con un vestido de Dior. Tú ya sabes a qué me estoy refiriendo. Crea buen material para unas fotos wow!

5.- Aprovecha para sociabilizar cuanto puedas. Eso sí, pon límites tanto a la pereza como al exceso. Así podrás llegar a la cena de Nochebuena con las pilas cargadas a base de reencuentros energizantes, de los que salen más encuentros. Son buenas fechas para renovar amistades desde el entusiasmo genuino. Búscale el punto bueno incluso a los compromisos que te dan pereza. Esfuérzate en sacar tu alegría y verás cómo serás correspondido. Las sorpresas vienen en formas muy variadas, no sólo en los paquetitos de papel brillante.

6.- Sé un anfitrión atento y un invitado agradecido. Si cocinas bien, ofrécete. Y si no, ofrece tu ayuda. Aporta un algo de ti en la forma que mejor consideres, aunque sean tus sonrisas, tu escucha o algún brindis rico en palabras. Que tu presencia sume (o multiplique).

7.- Rodéate de los que quieres. En algunos casos será tan sencillo como enviar un whatsapp, en otros casos habrás de idear toda una campaña para hacer que alguien que está lejos vuelva como en los turrones Almendro. El esfuerzo merecerá la pena.

8.- Regala una parte de ti. Cada regalo es una oportunidad de demostrar a otra persona que realmente nos hemos esforzado en conocerla, y que estamos contentos de tenerla a nuestro lado. Personaliza tu regalo con algo que muestre además una parte de ti. Es una buena manera de honrar vuestro vínculo.

¿Qué haces tú para disfrutar el lado bueno de las Navidades?

Por mi parte, para el año que viene y con este blog por testigo, me comprometo a ponerlas en práctica con mi propia familia, amén de cualquier mejora que encuentre por el camino. Un poco de magia real que tanta falta hace, con el permiso de Harry Potter.

Y para acabar, como dice un amigo: felicidad todo el año, no sólo en Navidad.

A %d blogueros les gusta esto: