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¿Vas de Guerrer@?

27 Jun

Este fin de semana pasado decidí hacer un parón en las clases de fin de semana para dar la bienvenida al verano como se merece, a remojo. Así que lié a unos amigos y a mi hermano para reinaugurar la temporada del apartamento veraniego de mis padres. El tiempo y el agua acompañaron y no podía faltar la visita a un restaurante que para nosotros es un clásico estival más. No en vano llevamos yendo durante veintimuchos años sin falta y su dueño, Enrique, es amigo de la familia.

Hay saludos que se convierten en fórmulas sentidas, tradiciones que no prescriben:

– Ey Enrique, ¡cuánto tiempo! Ya empieza la temporada, ¿cómo estás?

– Bien, aquí, peleando…

Enrique es un Uruguayo elegante de mirada triste, que gusta lucir una sonrisa afable y acogedora. Y ahora parece cansado. Peleando. En un tono impregnado de derrota. Hay muchos Enriques de la vida que luchan, pelean, sobreviven. Nosotros, por ejemplo.

Aunque vivimos en una sociedad “pacificada”, entendiendo por esto que no estallan bombas en los mercados un día sí y otro también y que no hay bandos armados que se tirotean abiertamente en las calles, muchas veces nos empeñamos en vivir en una realidad más propia de entorno de guerra. Y este estado interno guerrero se muestra en un lenguaje bélico digno de las películas de John Wayne. Desde la psicología, el lenguaje que empleamos no es fruto de la casualidad, tiene un gran componente simbólico importante para nosotros.

Deportistas presentados como gladiadores, políticos que siguen incentivando la lucha de clases en uno y otro lado, empresas con estilo organizacional y comunicación propias del ejército,  mercados financieros como campos de batalla que hay que dominar. Sin ir más lejos, en publicidad tenemos brief, el target, la campaña, la estrategia, acciones tácticas… Seguro que te vienen a la mente unas cuantas más de diferentes contextos.

Este lenguaje es la punta del iceberg,  por supuesto que no bastará cambiarlo para hacer un cambio drástico. Muchos lo utilizan como modo de estimular a un equipo o uno mismo. Es una motivación de combustible inestable y poco ecológico. Conviene prestar atención a cuál es nuestro volumen bélico, para no ser cómplices de sus consecuencias en nuestro entorno y nosotros mismos: en general un aumento de la tensión y una alta correlación con trastornos de ansiedad incipientes. Este lenguaje es ideal para convertir granos de arena en cordilleras insalvables y da pie a justificar estilos de gestión y comunicación agresivos que poco bien nos hacen.

A este respecto, para recordar la auténtica guerra, me ha venido a la mente un artículo que leí hace unos días, en el que mostraba un proyecto que recogía rostros de soldados británicos en Afganistán en tres etapas: antes de embarcarse, durante su ejercicio y después. Se puede observar con claridad los resultados de 8 meses de estado de guerra, en sus gestos y miradas:lalagesnowwearethenotdead1 lalagesnowwearethenotdead2lalagesnowwearethenotdead5Incluso recogió algún testimonio que refleja también el cambio de pensamiento durante esas fases:

“No estoy preocupado acerca de lo que va a pasar, al fin y al cabo es mi trabajo”

“Está siendo una experiencia para abrir los ojos”

“Vives con el miedo, con la aprensión y con la duda de qué pasará si me vuelan por los aires”

(Si quieres leer más de este artículo en inglés, puedes hacerlo aquí.) (En este otro link el proyecto completo We Are The Not Dead)

Realmente esos pensamientos se adaptan a una situación de guerra y esos rostros la reflejan. Una realidad horrible que algunos viven en su cotidianidad. Por fortuna, no nosotros.

Ser un espartano, William Wallace o la Teniente O´Neil mola y te da energía puntual… pero a la larga agota, cansa y no se adapta a la realidad que vivimos en la mayoría de los casos. Si ir de guerrer@ forma parte de tu rutina, cuidado. Muchas veces acabará dejándonos vacíos, con el síndrome de mirar al techo o frustrados sin saber muy bien por qué. Y seguramente con bajas colaterales.

Aquí es donde entran la psicolofía y la inteligencia emocional. En la medida de lo posible, conviene reformular la situación con otras palabras que la definan de un modo más amable, para crear un entorno que favorezca la reducción de la escala bélica y conseguir nuestros objetivos con conductas más “ecológicas”. Ya sabes, por mí y por todos mis compañeros, pero por mí primero.

Aquarius, bebida oficial de los políticos

4 Jun

Ahora que parece que el Congreso va a dejar de subvencionar el alcohol de alta graduación, parece que los señores diputados ya tienen una bebida a la que aferrarse. Ahora que se acabó el gin tonic a precio de garrafón 2×1, ¿entrarán nuestros políticos en la Era Aquarius?

Y es que la marca sigue ahondando en su visión isotónica de la realidad en que vivimos para no perder la fe en el ser humano. Primero nos pregonaron su ideario a lo Rafael style, recientemente enarbolaron el apadrinamiento rural y ahora esto:

Ooooh sí, los políticos. ¿Cómo se te queda el cuerpo?

Por mi parte, sensaciones agriamargas.

Claro, cuando uno escucha y piensa en políticos se nos vienen a la cabeza caras, a veces nombres y todo, muy distintos a los que se presentan en el spot. Son los que vemos todos los días en televisión, los que dan voz a titulares que nos exasperan y ponen a prueba nuestra inteligencia emocional.

Muchos tenemos la impresión de que los políticos están cada vez más desconectados de la realidad que crean e imponen, erigiéndose en portavoces de un pueblo que habla un lenguaje distinto y quiere otras cosas. Parece que actúan como déspotas nada ilustrados, caricaturas políticas de una oligarquía democrática. Ellos siempre ganan y de una forma u otra siempre tienen la razón y entienden el mensaje que les queremos dar, por mucho que ni nosotros lo sepamos.

Claro que, si calificamos al todo por aquellas partes que más salen en la prensa, podemos colocar etiquetas que no se corresponden con el trabajo diario de políticos, que nosotros desconocemos, pero quizá sean bien conocidos, ya no sólo por sus votantes, sino por el conjunto de vecinos. Y por este lado va el spot.

Mirado con psicología, ambas verdades pueden coexistir, pues en la vida misma conviven realidades que moralmente serían excluyentes. Ambas perspectivas están en la palabra “políticos”, aunque con diferentes pesos. ¿Cuál pesa más para ti? Pues seguro que no me equivoco mucho si digo que la mismo que a mí.

Pero, ¿hasta qué punto me apetece que una marca haga un lavado de cara a este colectivo? ¿Por qué no a los taxistas? ¿O los carniceros?

Por un lado, me parece una apuesta oportunista, en todos los sentidos de la palabra, que recoge un buen insight que pasea por las calles. Además, sin duda es valiente. A la hora de mantener una conversación, a todos nos han aconsejado evitar la política y la religión. Convención social que también actúa como máxima en el mundo publicitario… uy cuidado con qué asocias una marca. Así, es innegable que es una apuesta arriesgada en comunicación de marca. Me gusta la valentía, aún de refilón.

Por otro lado, no deja de ser una apuesta banal, fácil, en una situación que no está para muchas bromas. Está muy bien la idea de ese homenaje al político desconocido, pero si no van más allá con acciones reales que suban de escalafón para tocar la fibra de alguna manera a los gerifaltes, para mí será como ir de “social”, pero a modo chiste, gotas en el desierto.

Está genial que inciten a la reflexión de no juzgar al todo por la parte. Pero si no buscan también una reflexión que incite al cambio en la otra parte de este proceso de comunicación, los políticos, será una apuesta de postín. Por ejemplo, que hagan una campaña para que esos Pedro, Elena y Ramón, si tan buenos son y tanto hacen, encabecen las listas y renueven un poco el aire viciado político actual, que es como ver distintas series con los mismos protagonistas, cada vez menos creíbles. En este caso, quiero una propuesta valiente de verdad, un Aquarius que sepa a algo.

Sinceramente, creo que hay un cansancio generalizado tanto en el ciudadano como en el comprador… porque a fin de cuentas, somos los mismos.

Y a ti, ¿qué te parece? ¿entras o sales de la Era Aquarius?

Muchas gracias

9 Abr

Parece mentira la facilidad que tengo para saltarme mi propia planificación de posts. Normalmente tengo un tema previsto, pero cuando me pongo a escribir me sale algo distinto. Y eso me gusta, porque este blog nació así, con la libertad expresiva por bandera.

Llevo una temporada larga enfrascado en nuevos proyectos que muchas veces suponen inaugurar nuevas rutas personales. Muchos nuevos primeros pasos en eso que en coaching se llama salir de la zona de confort.

Parándome un poquito y echando la vista atrás, uno ve que no todos han sido éxitos. Considerando al “fracaso” como un feedback no deseado, puedo decir que esos 3 proyectos más gordos y serios que no salieron, no lo hicieron más por la interacción de las personas que formábamos parte del equipo, que por la crisis.

Lo cual me lleva al asunto del post, que no es otro que dar las gracias. Porque las personas tenemos más peso específico vital del que creemos en general y en mi caso, puedo decir que estar y sentirme bien acompañado ha sido una constante desde que tengo recuerdos.

Es tanto así que, como aquello con lo que contamos en nuestra vida, a menudo lo he dado por hecho. Por fortuna, a una amiga se le ocurrió enviarme un email resaltando el hecho de que había muestras de apoyo por todas partes en redes sociales y me escribió para darme la enhorabuena simplemente por ello.

Un simplemente que es mucho y que realmente me da mucha seguridad, me hace sentirme querido, apoyado para hacer lo que estoy haciendo ahora. Así que quería que supieras que para mí es importante que estés ahí, al otro lado de la pantalla leyendo este mail. Los psicólogos solemos hacer preguntas acerca del qué, el cómo, por qué, el para qué… yo también tengo muy en cuenta el con quién. Dice mucho de nosotros.

Por eso valoro enormemente aquellos que estáis en mi vida y formáis parte de las diversas familias a las que pertenezco, ya sea por lazos de sangre, trabajo o amistad. Esto incluye la confianza que depositáis los coachees y la ilusión e implicación que demostráis los alumnos. Gracias por una relación que va más allá de lo monetario y favorece el engrandecimiento mutuo personal. Gracias por exponeros y querer llegar al fondo mirando para adelante, aunque a veces haya que perder los papeles. Gracias por creer, sobre todo en vosotros mismos.

Y gracias también a esta incipiente familia virtual que estamos creando a través de diversos blogs, entre mis planes a corto plazo está el dedicar más tiempo a esta vía de comunicación.

Tanto esta semana como la anterior me han llegado un montón de emails por el post previo (http://wp.me/p2Zmm3-3I) que hacía referencia al taller del despertar… y para mí está siendo un auténtico placer volver a conectar con personas que han sido y son importantes. Gracias a vuestro calor y apoyo, el taller sale adelante y además nos da la oportunidad de conceder becas gratuitas a gente que lo necesita. Incluso tengo el privilegio de contar con algún amigo en el mismo, realmente me siento muy afortunado.

Tanto en psicología como en inteligencia emocional, nos gusta decir que si quieres llegar rápido, ve sólo. Pero si lo que quieres es llegar lejos, ve bien acompañado. ¡Así que muchas gracias por la parte que te toca! Me siento en la mejor de las compañías y soy muy consciente de lo que supone todo ello.

Para cerrar, me gustaría presentarte un vídeo que ilustra el espíritu de lo que hacemos y que pone caras a una promoción de 24 maestros que ponen su entusiasmo al servicio del cambio educativo. Nosotros les acompañamos con un Practitioner en PNL Educativo ya en marcha, con las 24 becas gratuitas.

Espero que os guste tanto como a nosotros. El cambio tiene muchas caras que lo hacen posible.

No perdamos el papel

13 Mar

Sí, vale. Las nuevas tecnologías vienen fuerte: móviles que son ordenadores, tablets que son televisiones portátiles y en general una sensación de que avanzamos a un mundo virtual muy, pero que muy real.

Sin querer negar las evidentes ventajas del progreso, reivindico el placer del puño y letra, de los tiempos lentos y el olor y la caricia del papel. Soy de los que disfrutan al peso de libros, por ejemplo me encantan los quintales de letras de Juego de Tronos. También me encanta abrir cartas que no sean facturas o publicidad de home english.

El papel, utilizado de forma respetuosa del medio ambiente, es un bien básico al que no podemos renunciar… Y si piensas que no es así, echa un vistazo a este vídeo:

Ilustrativo, ¿verdad? Hay veces que hay que reconectar con lo más clásico, el progreso no puede ser renunciar a una parte de nosotros mismos. Para mí el papel es más que una hoja, es un símbolo que comunica mucho y espero que me acompañe hasta mi esquela (mítica sección).

Y ya que estoy, si compartes el gusto por lo hecho a mano y con cariño que se refleja de alguno de sus usos y variadas formas, aquí tienes un proyecto que han montado una amigas con las que colaboro:

http://www.reparandoalasrotas.com/productos/

Son coach y expertas en inteligencia emocional, con un punto muy artista, entre otras cosas. El papel del coaching es tan variado como las personas. Para ellas, perfectamente puede ser regalar algo especial de una forma diferente, la alegría de sentir y expresar el cariño de alguien que cuide de ti… apoyar para estar mejor, a modo simpático y juguetón.

¡Mucha suerte y que ese avioncito de papel vuele hasta muy lejos alegrando compañías!

Y a ti, ¿te gusta el papel? ¿qué simboliza?

El valor de los principios

5 Mar

Etiquetar a la crisis en la que llevamos años inmersos de “económica” siempre me ha parecido quedarnos en la punta del iceberg.  Para mí siempre ha sido consecuencia de algo más profundo y que viene de lejos, más allá de estas horribles apreturas coyunturales: los principios.

Como consultor y coach, trabajo mucho la reconexión con los valores, el no todo vale, el sí importa el cómo y el para qué haces las cosas. Tanto a nivel empresarial, institucional y personal.

Son un buen criterio para saber si estás haciendo algo “bien” o “mal”. Si lo que haces, dices y piensas está en consonancia con tus valores, en general irás por buen camino. Más aún si tienes unos principios psicológicos que engloben los derechos humanos.

Hay una gran masa de ciudadanía, en la que yo me encuentro, que demandamos que sean los principios y no los mercados los que dicten las condiciones de nuestras vidas y nuestros éxitos. Algo habrá de cierto en ello cuando las marcas empiezan a hacer especial hincapié en los valores en sus campañas. En psicología, la publicidad es una buena fuente para detectar necesidades sociales desde la comunicación.

Ahora bien, hay un factor clave: la credibilidad. No basta decir algo para que sea verdad. Hoy, las redes sociales dan la vuelta al paradigma “goebbleliano” y ofrecen argumentos variados para que una mentira no se convierta necesariamente en verdad, por mucho que se repita mil veces.

Como ejemplo reciente, aquí tenemos la última campaña de Bankia, a ver qué te parece:

Después de verla, tengo la sensación de que, más que aportar sus valores, están utilizando los míos. Y no precisamente a mi favor. Suena a lavado de cara, a declaración unidireccional de intenciones fatuas (que ni siquiera permite comentarios en youtube) para hacer lo de siempre con otras palabras. Manipulación incluso desde la inteligencia emocional, sin asumir (ni pagar), las consecuencias de sus acciones.

Requiere tiempo recomponer el jarrón de la confianza una vez que éste se ha roto. A veces, volver a los principios requiere un notorio cambio de paradigma y, sobre todo, hechos reales mantenidos a lo largo del tiempo que demuestren la fe en esos principios. Quizá haya que utilizar otro paradigma para subir el valor de unas acciones que han caído un 90%. Mantener la apuesta aunque ocasione pérdidas económicas temporales. Capitalismo  vale, pero social. Que haga balance no de año en año, sino en plazos más largos. Que permitan crear otras reglas de juego.

¿Utopía?

Como ciudadanos, tenemos más poder del que muchas veces creemos y en el fondo, nos necesitan mucho más que nosotros a ellos. Aquí otro punto de vista de la misma acción:

Y hablando de principios, a modo de homenaje, no podía faltar este vídeo con la espectacular presencia y voz de Pepe Sancho:

Y para ti, ¿los principios son importantes? ¿eres consciente de los tuyos? ¿actúas en base a ellos? ¿cuánto valen?

¿Eres o estás?

12 Feb

El que otros idiomas tengan más vocabulario que el castellano no quita para que éste sea rico en matices. Quizá la diversidad cultural dentro de la misma península, amén de tierra allende haya contribuído a ello.

Siempre me hizo gracia la pelea perenne que tienen los guiris con el desglose del verbo “to be” en ser y estar. Sonrío cuando recuerdo a mi amiga Steffie decir “Tu pelo es largo” con un marcado acento holandés. También cuando mi ex americana decía cosas como “Diego está creativo en advertisement”.

Parece que incluso nuestros eruditos no dan un criterio claro para aplicar uno u otro y que sea válido para todos los casos. Casi hay más excepciones que reglas. (En este sentido es interesante http://www.wikilengua.org/index.php/ser/estar).

El caso es que esta confusión tiene su traducción en nuestro día a día. Para el post que me ocupa, me quedaré con la acepción:

Ser hace referencia al estado permanente. Es profundo.

Estar hace referencia a estado pasajero.

A pesar de que sobre el papel la diferencia entre ambos pueda estar clara, a menudo abusamos del “ser” para catalogar a las personas que nos rodean. Apenas nos basta un estar en una situación para rebautizar a alguien según nuestro juicio: es simpático, es alegre, es depresivo o es gilipollas.

El famoso mata a un perro y te llamarán mataperros. Extender el estar al ser.

Empezando porque hombre, no mates perros, en los foros de los expertos en estos temas, se dice, se comenta que bastan 7 segundos para etiquetar a una persona. 7 segundos para convertir a alguien en algo que no necesariamente es. Y que normalmente cuesta bastante más tiempo quitar, si es que alguna vez se quita. Hay etiquetas que son tatuajes, otras yunkes tobilleros. Y sin embargo, lo que creeamos que sea una persona, puede no ser lo que es en realidad. Normalmente somos mucho más de lo que mostramos.

Como ejemplo, aquí está un vídeo de lo que sería un robado (ficticio) una personalidad pública controvertida, en su propia casa: Mourinho. Me ha hecho gracia y me ha gustado porque estoy convencido de que la realidad de su ser tiene más que ver con lo que se intuye en el vídeo que con el personaje que vemos en los medios, y que él mismo tanto ha contribuido a construir. Este vídeo podría ser algo muy real:

 

Creo que alguna utilidad verá en el comportamiento altanero, soberbio y polémico que muestra Mou ante las multitudes… pero tengo la opinión de que podría obtener mejores resultados mostrando más su ser que su personaje, pero que se siente cómodo con esas etiquetas. O cree que le aportan algo que él mismo cree que no tiene, como forma de de avanzar en su carrera y hacer frente a cientos de miles de opiniones sobre él.

¿Tú qué crees? ¿Se te viene a la mente alguien que pueda aplicarse este cuento?

Es cierto que las etiquetas tienen su componente adaptativo, pero cuanto menos, merece la pena ser consciente de las que ponemos… a los demás y a nosotros mismos.

Hay etiquetas que nos impulsan, hay otras que pesan y nos lastran. Hay etiquetas tóxicas, aunque suenen “bien” o “mal”. Ser “brillante” puede hacer tanto daño como ser “egoísta”. Porque si se es, se es todo el tiempo. Siempre. En todas las ocasiones. Y cuando no, es una dolorosa excepción decepcionante o una excepción sospechosa de la que todos desconfían, respectivamente.

Desde la Inteligencia Emocional, las etiquetas bien utilizadas pueden contribuir a que una persona muestre algo que nadie, empezando por él mismo, le ha permitido mostrar. Mal gestionadas, podemos convertirnos en esclavos de las mismas.

Como coach y como persona, a mí me ayuda el saber que puedes estar mostrando cierto comportamiento en una situación determinada o en un contexto, quizá presa de una emoción mal llevada… pero en ningún modo eres así.

El tonto de la clase, el listo de la oficina, el amigo buenazo, el borde de turno, el chulo playa, el pivón, el cachitas, el hipster, la moderna, la creída de la camarera, el desastre del compi de piso… ¿Te has dado cuenta de qué etiquetas tienes? ¿Todas te gustan? ¿Las sientes tuyas? ¿Realmente definen quién eres? ¿O sólo cómo te comportas a veces? ¿Hasta qué punto te convierten en un arquetipo limitante o te hacen crecer?

Y sobre todo, ¿cuánto tiempo eres y cuánto tiempo estás?

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