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Irte para echar de menos

4 Sep

¡Ya de vuelta!

Y parece que las teclas no van y las palabras pesan. Como una sensación de volver de muy lejos aún sin haberme ido del todo. Muy poco de realidad y un mucho de contagio emocional por el ambiente reinante de vuelta al cole y por el repunte sustancial de mineros que vuelven a sus minas, por lo que dice mi facebook.

El caso es que hace mucho que no escribo en este espacio y hay un engañoso oxidamiento. Porque ya después del primer párrafo, mucho mejor. En mi caso, si quieres escribir, escribe. Vale más un gramo de acción que una tonelada de intención. O lo que es lo mismo:

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Vacacciones

11 Jun

Ooooh sí, ya están aquí. Se pueden sentir incluso por encima de cielos encapotados y ríos desbordados. Es una sensación a prueba de nubes grises y el FMI. Porque, cuando llegue el momento, esperamos que el sol esté ahí y que nuestro jefe se quede tranquilito y bien lejos de nuestro espacio tiempo. Y, definitivamente, ya queda menos.

Vacaciones. Para unos serán hacer algo realmente interesante, historias que contar por las buenas o por las malas. A otros les bastará con dejar de hacer lo que sea que les quite el sueño por las noches. Hay vacaciones de escape, vacaciones de compromiso, vacaciones que son un premio y vacaciones que son un auténtico castigo. Incluso hay quien ya se planifica las vacaciones de las vacaciones. Too much.

Mirando un poco hacia atrás, dos años, al menos para mí las vacaciones fueron algo más que un descanso.

En 2011 tuve la “suerte” de disponer de un mes y medio de vacaciones, dado que el año anterior sólo me había cogido medio mes. Así que aproveché para pillarme un mes entero, por primera vez en 10 años de vida laboral como creativo publicitario. Hice de todo y me lo pasé de lujo. Desconecté de verdad y me alejé lo suficiente de mi rutina para plantearme seriamente algunas cosas:

¿Cómo era posible que amigos que no estaban de vacaciones estuvieran menos estresados que yo estando de vacaciones? ¿Por qué la idea de volver a un trabajo que se supone divertido me aburría terriblemente? ¿Cómo era posible que me hubiera olvidado tanto de un ocio más sano y más real que la búsqueda de reconocimiento y el postureo típico de los saraos publicitarios? ¿A dónde me conducía un trabajo que se adueñaba de mi tiempo, mis fines de semana y una media de tres horas extra al día?

Y había más, claro. Por fortuna, también hubo respuestas y decidí atreverme a dar un giro a mi carrera profesional, un giro que incluyera más espacio a mi vida personal. Cuando no quieres ser como tus jefes, algo hay. Decidí que mi trabajo era incompatible con la vida que quería vivir. Y en el fondo era yo el que aceptaba las reglas.

Así que llegué de las vacaciones con ganas de jugar a otro juego. Aún con un propósito todavía un tanto difuso, decidí reconectarme con mi carrera de Psicología a través de un master en Coaching, Inteligencia Emocional y PNL. Al fin y al cabo lo había estado aplicando y esas vacaciones me dieron la energía y el convencimiento suficiente para apostar.

Y es que las vacaciones son un excelente momento para conectar con lo que realmente te gusta y quieres de la vida. En la mayoría de los casos, serán sensaciones extrapolables a otros campos y momentos de tu vida. En mi caso, libertad, amistad, diversión, familia, hacer las paces con uno mismo, espacio para la pareja… en definitiva, opciones. Y ganas de ponerme a ello.

Yo tuve la suerte de disponer de un mes para que todo esto se tradujera en algo. Me hubiera resultado difícil en menos tiempo. Como que tardas una semana en desconectar y antes de que te des cuenta ya estás pensando en la vuelta. Y qué rabia el tiempo perdido y empezar las vacaciones con la cabeza en otra parte, ¿eh?

En otros posts, a estas alturas, me estaría despidiendo con alguna pregunta lanzada al aire. Esta vez me gustaría dar una opción para maximizar tu tiempo, para divertirte a la vez que disfrutas de tu espacio para replantearte la nueva temporada sin comeduras de cabeza. Más allá del autobombo, se trata de un taller de Inteligencia Emocional para clarificar objetivos vitales y vivir el presente, que tendrá lugar del 28 al 30 de Junio. En colaboración con Mente Colectiva y cuyo programa puedes ver aquí. Y la conjunción de psicología con creatividad publicitaria han dado lugar a una modesta campañita:

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Un taller para disfrutar las sensaciones de las vacaciones todo el año en vez de un mes diseminado en semanas. No tienen por qué ser cambios de 180º. Tampoco mareos de los 360º. Basta empezar por algo que sea significativo para ti. Huir de las preguntas también te alejará de las respuestas que necesitas.

Independientemente del taller, las vacaciones se disfrutan mucho más si sabes que después te espera un objetivo movilizador que tengas en mente. ¿Lo tienes?

Del hoyo al pensamiento lateral

30 May

El post anterior invitaba a tomar conciencia de dónde estamos ahora a través de visualizar una situación que a muchos provoca rechazo y mal cuerpo.  Es bueno ser capaz de anticipar esos momentos porque ya vimos que pueden ser fuente de reencuandres, permitiéndonos afrontar el ahora desde otro punto de vista que nos facilite un cambio de actitud, a través del cual dispongamos de más opciones.

Por fortuna, todo es entrenable y tenemos a nuestro alcance  multitud de estímulos de los que extraer conclusiones. Estamos rodeados de metáforas andantes y virtuales. Y también desde el sentido del humor podemos extraer reflexiones de lo que nos sucede… o lo que les sucede a otros. Por ejemplo este vídeo que tomo prestado del muro de mi amigo Hugo:

Pasen y vean a un buen hombre con su scooter:

Además de una sonrisa en la cara por una secuencia digna del Coyote en su moto Acme, a mí me dio que pensar en cómo muchas veces me he obcecado, emperrado en el camino en apariencia más corto o simplemente porque sí. He caído en la piedra una, dos, tres y las veces que fueran necesarias hasta caer en el hoyo. Sin ver las numerosas señales que me avisaban y sin aceptar la ayuda o el feedback de nadie. Actuando desde la rabia, el orgullo o la venganza. A veces he necesitado hoyos más que piedras para darme cuenta de que así no. !Incluso he necesitado caer varias veces en el hoyo!

Quizá a ti te haya recordado alguna otra situación. Quizá pienses que he tomado alguna clase de psicotrópico. O esté colocando esa etiqueta despreciativa de “autoayuda barata” (habrá post de esto en un futuro). El caso es que esta capacidad tiene mucho que ver con el bienestar mental a través de la creatividad. Y como diría un buen yankee de manual, funciona.

Personalmente, este vídeo me permite reírme un poco de mí mismo de una forma sana y a la vez que en mi cerebro se crean nuevas conexiones neuronales a través de lo que veo, pienso y siento. Si las trabajo, (porque hay que trabajarlas), estaré generando nuevas estrategias para no caer en el hoyo o en la piedra otra vez.

Investigaciones en el campo de la Psicología, por ejemplo las llevadas a cabo por la doctora Shelley Carson de Harvard, denominan a esta capacidad como Absorción: un estado perceptivo del cerebro en el que estamos abiertos a la información generada en nuestro entorno a la vez que estamos conectados con la procedente del nuestro interior. Esto tiene mucho que ver con el famoso pensamiento lateral, al ser capaz de percibir lo que los demás no ven en el mundo que nos rodea. Además, seremos capaces de recoger la información simbólica que necesitamos para dar sentido a nuestra experiencia subjetiva.

Las investigaciones concluyen que desde la Absorción, “el cerebro que se deja cautivar por la novedad de los objetos cotidianos presenta mayores probabilidades de ver el entorno de un modo innovador y creativo”.

Y yo añado que es un estado óptimo para generar alternativas, solucionar problemas y alcanzar retos. Es un paso para integrar hemisferio derecho e izquierdo, inteligencia emocional y psicología cognitiva. ¿Te animas a echar otro vistazo al vídeo para ver si te despierta algo nuevo? En cualquier caso, vives en un mundo rico en estímulos para entrenar esta capacidad el tiempo que quieras. Incluso de la película más infumable podrás llevarte algo.

¿No te lo crees? ¡Haz la prueba!

RIP RIP Hurra!!

23 May

Que la vida es frágil no es ningún secreto. Una tarde como otra cualquiera, sales de trabajar tranquilamente y te dispones a vaciarte una señora birra en el bar de al lado con los colegas, hasta que aparecen dos enajenados que acortan tu vida drásticamente a machetazos.

El fin de tus días se convierte en noticia y cientos de miles de personas, entre atónitas e incrédulas, contemplan cómo uno de tus asesinos habla a una cámara que pasaba por allí, con una pasmosa tranquilidad de palabras ensangrentadas.

Sin querer, te conviertes en otro símbolo anónimo más de nosequé guerra. Y tu vida acaba tan repentinamente como empezó. Con más probabilidades aún si estás fuera de esta burbuja afortunada que es Occidente.

La muerte está en nuestras vidas como una cotidianidad no deseada, un secreto a voces que pasa de puntillas con su guadaña. Para todos los que estamos leyendo esto ahora, la muerte es algo que les pasa a los demás. De momento. Nos basta con hacer zapping vital.

Hubo un tiempo en que abracé el Negro, mucho antes de Juego de Tronos. Subido a lomos del death metal, me costaba aceptar el continuo vida-muerte, un poco encontrar el sentido, el para qué de todo esto.

Sí, ya sé que suena muy filosófico y no, no voy a evangelizar acerca de algún Dios en el que no creo. Pero sí creo en el poder movilizador del propósito y el para qué. Y aquí un vídeo curioso, a ver qué te inspira:

A mí, que la vida es una línea con un principio y un final. Ser realmente consciente de que nuestros días están contados, puede ser una excelente fuente de motivación.

Es como cuando ves por la calle a alguien despeinado y tú te peinas. O cuando ves a alguien encorvado a causa de su chepa y tú te pones recto como un palo. La muerte puede tener este papel, nos espeja la realidad que nos espera, aunque nos asuste porque no somos dueños de ella. Sin embargo, sí podemos ser dueños de lo que hacemos cada día.

Un amigo y compañero de trabajo de mi época publicitaria tiene la fuerte creencia de que un día que pasa es un día menos para hacer algo grande. Y gracias a ello ha progresado mucho en su profesión, que es donde él ha enfocando esa grandeza. Ha recogido premios grandes y está en una agencia de las grandes. Se esfuerza por vivir su grandeza todos los días. Y por supuesto, también tiene sus carencias.

Por mucho que a veces nos empeñemos en lo contrario, somos una simbiosis de luces y sombras. Simbiosis entre impulsos vida y muerte, en un continuo. Porque una relación parasitaria de uno u otro lado, nos puede convertir en un insípido Ned Flanders santurrón o, por el contrario, en una máscara correosa y afilada, ideal para pinchar globos ajenos. El lado oscuro es tentador. A todos nos gustan los “malos” que dan juego, pero cuidado con el exceso de ácido. Quema.

Todos conocemos casos de gente que ha dado un giro importante después de un accidente o una enfermedad grave. También puede suceder cuando lo vemos en la piel de alguien muy querido. Es cuando la vida misma te planta en la cara una pregunta: ¿Si te fueras a morir mañana, seguirías haciendo lo que estás haciendo ahora? Vale, y ahora más allá de esas imágenes de viajes, fiestas y orgías… ¿seguirías haciendo lo que has hecho este último año?

Muchos tememos ese momento que se acerca el final, contemplar nuestra vida y decir: ¡madre, qué desperdicio! Que nos queden muchas cosas por tachar de nuestra lista, si es que tenemos lista. Porque no es fácil saber lo que queremos.

Para ello, con un poco de psicología y creatividad, te propongo un ejercicio: escribe tu propio epitafio en 20 palabras. Así, como suena.

epitafio

Más allá de ingenios y bromas, que si te salen, también. Más que tener un epitafio que sea trending topic en twitter, lo mejor es llegar a algo que sea significativo, importante y concreto… para ti. Por mucho que sea plano y ñoño, si es lo que quieres, vale. ¿Cómo quieres que te recuerden? ¿Qué te gustaría poder decir? ¿Hay algo que quieras dejar? Exprésate en 20 palabras, para que cada una cuente, porque la vida misma es el elegir en qué empleas tu tiempo y tus recursos.

Según como lo plantees, la muerte es sólo el principio… para celebrar el resto de tu vida. Y espero que te quede mucho por delante para hacer realidad  tu epitafio.

(Des)propósitos de Año Nuevo

9 May

¿Qué es esto? ¿Un post que se ha colado, perdido del pasado? ¿Acaso no me he enterado de que ya estamos casi enfilando el verano?

Precisamente. Con toda la intención de pasar revista a todo aquello que nos planteamos a principios de año y que aún guarda un regusto a polvorón. Así que propósitos de año nuevo 2013, pónganse firmes antes nuestros ojos, que esto es una inspección sorpresa.

Vaya, ¿qué vemos aquí? ¿Propósitos cachas, bilingües y con los pulmones limpitos? ¿O más bien propósitos que han hecho demasiados brindis al viento? Si quieres, ordénalos por áreas: trabajo, personal, ocio… por fechas de finalización o por apetencia. ¿Tienes muchos o sólo hay una voz que tose incómoda al fondo de la sala? Y, ¿cómo van?

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Hay propósitos que nos hacen sentir como Sísifo

Yo hasta hace un par de años era de los que a estas alturas tendría un desfile de desarrapados rebeldes, algunos novatos entremezclados con viejos conocidos y otros barbaluengos con nombre y apellidos: meterme en un equipo de basket otra vez, escribir más, escribir mejor, aprender a tocar la guitarra, meterme en un grupo, progresar en mi trabajo, ganar un premio, ir al gimnasio, dar más espacio a mi vida personal, ver más a mis abuelas, salir más al campo, ser más ordenado, cocinar… en fin, todo un ejército de propósitos de terracota oigan.

Evidentemente, me faltaban vidas para llevarlos a cabo. No sé cómo ves los tuyos ahora ahí dispuestos, qué te dicen. A mí, intentar cumplir con la interminable lista me llevaba a dormir muy poco, agotarme y, a medio plazo, frustrarme por no tener suficientes ticks (porque alguno conseguía).

En Coaching, los propósitos toman el nombre de metas y yo estimo que al menos un 60% del éxito en un proceso depende de una correcta formulación de la misma. Algunas conclusiones extraídas de lo que funcionó y lo que no a la hora de afrontarlas:

1.- Tú eliges el momento adecuado para acometer tus metas. Muchas veces nos dejamos llevar y comenzamos en las fechas que tocan, más que en la que realmente apostaríamos. Me explico. Estadísticamente hay tres puntos álgidos en el año en el que nos planteamos nuevos proyectos: año nuevo, septiembre después de las vacaciones del verano (la famosa vuelta al cole) y nuestro cumpleaños. Tenemos marcados esos días como puntos de inflexión y es bueno que sea así… ¡sin olvidarnos de que disponemos de otros 362 para ello!

2.- Proponte algo tuyo, no de los demás. Si dejas de fumar porque algún amigo lo ha dejado, si pierdes peso solamente porque te lo dice tu pareja, si estudias inglés porque parece que es lo que toca… lo más seguro es que no funcione. Hacer las cosas para los demás queda muy bien, pero si no hay una motivación intrínseca que nos empuje, iremos perdiendo fuelle. Elige algo que tengas ganas, que te mueva solo de pensarlo, que te ilumine la cara cuando lo digas.

3.- Busca la necesidad que hay detrás. Necesidad es una palabra de la que solemos huir y no nos gusta. A veces hay algo en nosotros que clama “Yo no necesito nada!”. Otras veces creemos necesitar algo que en el fondo no necesitamos en absoluto. Lo que es irrefutable desde los estudios de la Psicología y la Inteligencia Emocional, es que detrás de todo deseo hay una necesidad que busca ser cubierta. Una buena manera de conectarnos con ella es preguntarnos para qué vamos a hacer algo.

Por ejemplo, un coachee en principio tenía un claro propósito de perder peso. Lo había intentado unas cuantas veces sin éxito. Indagando en el para qué y trabajando algunas cargas emocionales, se dio cuenta que lo que quería con esta meta en apariencia superficial era conseguir una pareja. Y con este para qué en mente decidió trabajar su autoestima, afrontar ciertas creencias limitantes y dotarse de algunas habilidades sociales que le vinieron mejor que intentar ponerse como Brad Pitt.

4.- Ve a por un reto, afronta tu imposible. Es verdad que desde el coaching muchas veces se afirma que todo es posible. Yo no estoy del todo de acuerdo, porque suena a overpromise. La clave es conectar de verdad con uno mismo. Desde nuestro centro nos plantearemos objetivos desafiantes, que nos parezcan imposibles a priori… y que sin duda conseguiremos. Introduce la sorpresa en tu vida, ve a vivirla por ti y para ti. Permítete ser otra parte de ti, descubrir algo nuevo que no esperabas.

5.- Plantea tus metas en positivo. Para nuestra mente no es lo mismo perder peso que estar más delgado. En general, el cerebro sintoniza mejor con el sí que con el no. Muchas veces el no pasa a ser obviado. Es decir, que si te digo que no, ojo, que NO pienses en un elefante rosa volando por cielo moviendo la trompa, seguro que estarás pensando en ese elefante aún ahora mismo. Así, si quiero dejar de fumar, lo que se me vendrá a la mente es “fumar”. Lo mejor será reencuadrar el objetivo en un marco que permita una lectura enfocada en la solución más que en el problema.

6.- Sé muy concreto y conciso. Los avances en neurociencia confirman que cuanto más seamos capaces de definir nuestra meta, ponerle números y acotarla en fechas, más energía tendremos para llevarla a buen puerto. Ser feliz es mucho más vago e impreciso que trabajar de coach y ganar 1500€ al mes el 31 de mayo de 2013. Tampoco son buenas aquellas metas que expresadas parecen un relato corto. Hay una fórmula de 7 +/- 2 palabras para aquellas metas que empiezan por “Yo quiero…” Y funciona bastante bien, haz la prueba.

7.- Es importante que la meta dependa de ti. Es bueno que el conseguirlo, el sí final dependa de nosotros. No quiere decir que renuncies a metas de encontrar un trabajo X o encontrar pareja. Sí que te plantees submetas de modo que tengas tus éxitos que te impulsen igualmente si no obtienes el resultado que deseas. Puedes maximizar tus opciones para optar a un puesto de trabajo y estar contento aunque no te cojan en una entrevista. Hay casos en los que hay muchas variables que condicionan nuestro éxito. Si te lo curras, no hay fracaso, sólo feedback. Perseverar en el cambio es una virtud que a la larga te llevará a conseguir lo que te propones. Practica coletillas como “No lo he conseguido… aún”

8.- Ve a por pocas metas, pero muy significativas. Practica la síntesis y busca el hilo conductor replanteando una meta que recoja un para qué común. Mejor condensar tus energías en un río con mucha agua que en muchos afluentes que se secarán antes de llegar al mar. Por desgracia, no tenemos ni tiempo ni energía infinitas, ésta es una buena forma de optimizar tus recursos.

9.- Crea tu simbolismo. Estar más delgado es más que perder 10 kilos o pesar 80 kilos. Puede ser también aceptar la mejor parte de uno mismo, puede ser dar un primer paso saludable para tener un hijo, puede ser estar como quieres estar, estar en paz. Escribir un relato corto es más que juntar letras y palabras en 10 folios puede ser expresarte, crear tu espacio, compartirte, abrirte al mundo, expandir un talento expresivo familiar que ha estado oculto.

10.- Reajusta tus planteamientos iniciales. Muchas veces no somos realmente conscientes del esfuerzo y el tiempo que requiere algo hasta que nos ponemos a ello. En estos primeros contactos, es bueno permitirse un ligero reajuste para situarnos en un reto alcanzable. Ligero, no vale bajar el listón para que puedas pasarlo andando, eh?

11.- Establece puntos de control y seguimiento. Es importante tanto para estos reajustes anteriores como para tener fechas de referencia que nos motiven y nos pongan un poco de presión sana. También resultará muy gratificante y renovador el comprobar que vamos por buen camino.

Confieso que Caminantes es uno de mis tres propósitos de este año y de momento voy en los plazos que marqué en un comienzo. Es cierto que me gustaría publicar más y dedicar más tiempo a esta familia online, pero de momento estoy centrando en el cumplimiento de otra meta que tiene más prioridad. Así que estoy contento y aún más con las perspectivas que se plantean en el futuro.

Y tú, ¿tienes metas y propósitos? ¿Cómo los llevas? ¿Qué te funciona? ¿Qué cambiarías?

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