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Experimento cognitivo

26 Feb

Hace unos días me topé con uno de esos vídeos curiosos que circulan por internet que dejan cierto poso. Se me ha venido a la cabeza para realizar un pequeño experimento con él y me encantaría que participaras. De cara al coaching y la inteligencia emocional, también la vida virtual nos ofrece aprendizajes que no están en los libros.

Lo mismo lo has visto ya, pero en cualquier caso te propongo que antes de darle al “play”, enciendas el modo consciente de tus pensamientos, en formato narrador en tercera persona interior. Es decir, que pruebes a anotar mentalmente la clase de pensamientos que te vienen a la cabeza tal y como surgen, sin juzgar ni ponerles etiquetas de buenos o malos.

Y sin más dilación, el vídeo. Para lo que nos concierne, apenas 2 minutos de atención activa:

¿Curioso? ¿Qué te ha parecido? ¿Con qué clase de pensamientos te has encontrado? ¿Son frecuentes? ¿Actúas en base a ellos?

En mi caso, entretejidas junto con expresiones de sorpresa, curiosidad y cierto apoyo, había otras más enjuiciadores del tipo: “vaya pintas”, “menudo pintor de brocha gorda”, “sí sí, mucho arte”… incluso un segundo antes de que el autor diera la vuelta al lienzo hubo alguno por ahí de “vamos, igualito… qué artista”. Y acto seguido un zas en toda la boca inapelable, sabroso. En mi caso, para los sarcasmos e ironías limitantes.

¡Gracias!

A ver, tengamos claro que tener esta clase de pensamientos enjuiciadores no me convierte automáticamente en un mal pensado. En términos de coaching y psicología cognitiva, es bueno ser consciente de ellos para generar otros más saludables. Sin negar que somos una mezcla de luces y sombras y que tampoco queremos vivir en la casa de la pradera. Precisamente, al ser consciente tendré más poder para contrarrestarlos, limar estas disonancias internas, y actuar en base a otros pensamientos que me permitan mostrar una conducta más efectiva y “ecológica”. Por ejemplo, tener algo más de paciencia para esperar hasta el final y que la otra persona pueda mostrar su talento, pues muchas veces no damos ni dos minutos.

Estas tomas de conciencia son muy importantes para empezar a cambiar ciertos comportamientos que no nos terminan de convencer. Los pensamientos son grandes catalizadores de sentimientos y aplicando un poco de psicología, podemos conseguir que éstos no nos desborden y conseguir resultados más satisfactorios. Unir mente y corazón, por así decir.

Y en el otro lado, cuando nos toca hacer de artistas, ante una entrevista de trabajo o una cita, podemos intuir y anticiparnos a posibles pensamientos enjuiciadores de los otros para prevenir reacciones propias… y, como ha hecho el prota del vídeo, jugar con la sorpresa para dejar a nuestro público con la boca abierta.

A modo de muestreo, ¿quieres compartir tus pensamientos, también sin juicio alguno?

No hubo fin del mundo, ¡pero qué ganas!

26 Dic

Casi sin darnos cuenta ya hemos pasado la Navidad propiamente dicha y tengo la sensación de que he estado de más de celebración del no-fin del mundo que de otra cosa. Papá Noel ha pasado de puntillas aunque, si bien es cierto que no dejó muchas cosas, también lo es que no se llevó nada. Bastante de agradecer viendo cómo están las cosas.

El caso es que me sigue llamando la atención que mucha gente tuviera auténticas ganas de que llegara el fin del mundo. Quizá en forma de meteorito arrasador. O extraterrestres exterminadores entonando el son de paz. O un virus letal. O un virus letal que nos convirtiera en zombies. Quizá el retorno de monos cabalgando megadinosaurios precedidos de un sinfín de desastres naturales cataclísmicos. Y, por qué no, el Apocalipsis Bíblico…

No sé, algo.

Hay ganas de cambio, ganas de dar oportunidad a algo nuevo sin la lacra del presente o del pasado. Todo fin supone un principio para algo o alguien. Una catarsis que nos permitiera hacer borrón y cuenta nueva, al menos sentirnos realmente vivos por sobrevivir, que cada minuto contara, que nuestros corazones volvieran a conectarse con una realidad que fuera más allá de la hipoteca.

Aunque fuera por unos momentos, horas, días… aún a riesgo de empeñar nuestra propia vida en ello. Por ese algo más grande que nosotros mismos.

Yo, si tuviera un botón rojo con gigantesca advertencia que rezara “Ojo, no apretar: FIN DEL MUNDO”, lo apretaría. Y varias veces, por si acaso. Que tiemble Pedro Jota.

A veces nos olvidamos que podemos inventarnos un nuevo princpio cuando nosotros queremos, yo pulso el botón por una realidad que nos permitiera sentirnos más grandes que nuestra cuenta corriente,

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